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Cabaña (primera parte)
Fecha: 03/11/2022, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Oscar, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Nadie de los que estaba en esa borrachera, celebrada en la cabaña ubicada a las afueras de un pueblo turístico de México, sabía que soy bisexual. Entre los compañeros de trabajo que asistieron estaba Julio, de quien yo creía que, si no gay, era bisexual, pero no intenté ningún acercamiento, ni mucho menos, pues se trataba de gente con la que convivía todos los días y no me interesaba darle a conocer a nadie mi condición. Sin embargo, otro compañero, Erik, habitualmente muy serio, en algún momento de la fiesta, cuando bailábamos en grupo, me abrazó de una forma que encontré levemente inapropiada, pues una de sus manos me tocó ligeramente una nalga, pero no le di ninguna importancia. El grupo se fue desvaneciendo: muchos ya muy borrachos se fueron a dormir, otros estaban muy cansados por el trabajo del día (nos fuimos a la cabaña después de terminar nuestras labores) y otros pensaban en el trabajo del día siguiente, porque se había combinado la fiesta con una actividad laboral que tendría lugar en esa zona turística. Así que fuimos quedando en el exterior de la cabaña Julio, Erik y Katia, una mujer joven, de veintitantos (yo tenía 34), que me atraía mucho, y yo. En ese momento saqué un poco de mariguana y la fumé. Julio y Erik aceptaron, pero Katia no. Y en algún momento se fueron Julio y Katia, lo que me dio un poco de celos, porque, si bien no pretendía intentar nada con ella, me gustaba mucho verla. La mariguana, el alcohol y la reciente presencia de Katia me habían ...
... excitado. Entonces recordé el abrazo de Erik que hallé inapropiado, y en ese momento consideré que el abrazo y la mano de Erik en mis nalgas no fue un desliz accidental... Me cayó el veinte de que Erik quiso manosearme y me sentí súbitamente muy, muy caliente. Mientras recordaba, Erik, junto a mí, decía algo que no entendía ni me importaba porque en mi mente estaba el abrazo-manoseo, y me fui reclinando, con las manos aún apoyadas en el barandal frente al que charlábamos. Estábamos solos: pensé que mi movimiento de reclinarme, quedando con las nalgas paradas, Erik podría interpretarlo como una invitación, si es que el abrazo tuvo realmente la intención de ser un manoseo, o como un simple movimiento de borracho, sin ningún ánimo sexual. Resultó que fue lo primero: sin decir nada, dio dos pasos hacia atrás, puso una mano en mi cintura y, tambaleándose, apoyó su pelvis en mis nalgas. Me asusté, porque si bien era la reacción que mi calentura buscaba, no estaba seguro de que fuera conveniente o prudente, y fue una sorpresa tremenda sentir su bulto en mi culo. Y empezó a restregarse mientras su pito crecía. Le pregunté que por qué hacía eso, él balbuceaba algo sin sentido. Yo tenía la intención de quitarme, pero cada vez estaba más caliente y empecé también a moverme. Estuvimos así unos minutos, se me repegaba cada vez con más fuerza, cada vez su pene estaba más duro, y yo movía mis nalgas en círculos, pero luego oímos a Julio y a Katia acercarse, así que nos separamos. Cuando llegaron a ...