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EL CONVENTO
Fecha: 25/11/2022, Categorías: Tus Relatos Autor: Mario Ramírez, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Soy una mujer de 30 años y estudiando periodismo, tuve la suerte de conectarme con las monjas de un convento en las sierras de Córdoba y me autorizaron a vivir con ellas para tesis. Estuve 15 días, me brindaron atuendo blanco como novicia y dormí compartiendo habitación con otra monja vieja. Me levantaba, trabajaba y hacía todo como ellas. El poco tiempo de receso que teníamos, leíamos, estudiábamos y muy poco conversábamos. Cierta noche, escucho que abren la puerta de nuestra habitación. Era la Superiora y cuatro monjas que me hicieron levantar y vestir para ir a cierto lugar que quería mostrarme. Las acompañe y entramos a una sala poco iluminada por candelabros con velas y para mi sorpresa, las monjas que nos acompañaban, me agarraron de brazos y piernas y me quitaron la ropa quedando desnuda frente a ellas, sin dejar de agarrarme. La madre superiora se paró frente a mí y mirándome con penetrante mirada, dijo: ¡¡¡Comiencen!!! Me hicieron acostar en una mesa larga sin soltarmeLa madre superiora comenzó a acariciar mis pechos, los besaba, me besaba en los labios bajando a mi entrepierna, olio mi pubis y hundió su cara en mi concha. Me la chupó con desesperación y comenzó a meterme dedos. Primero uno, hasta meterme cuatro y me pajeaba aceleradamente. No resistí y terminé gritando un sonoro orgasmo tras otro. Pensé que me soltarías, pero no fue así. Otra monja trajo un enorme consolador que ...
... untaba en un aceite y dándome vuelta me pusieron en cuatro patas. La monja me apoyó el enorme falo de madera en la puerta del orto y lo fue metiendo haciendo caso omiso a mis gritos de dolor. Pude ver la cara de satisfacción de la superiora. Me cogió con eso largo rato y al pedido de la superiora, lo sacó y otra monja me metió otro falo doble, es decir me metía por la concha y por el culo y me fue cojiendo. Seguidamente, otra monja trajo a un caballo y me quise morir sabiendo lo que me pasaría. La superiora lo pajeó un rato y ya con la verga larga, me acomodaron bajo el animal y fueron guiando esa monstruosa pija en mi concha y luego en mi culo. Grite, pero ya el dolor se fue convirtiendo en profundo placer. Cuando volvió a cojerme por la concha, no tardé en orgasmar una y otra vez, balbuceando palabras obscenas. Al rato, me ataron a una cadena junto a la pared y me dejaron así hasta la mañana siguiente en que la superiora regresó a verme. Yo estaba destrozada pero feliz de mi extraña experiencia. Ahora sí, sabés lo que viven las monjas de este convento y que todas pasamos por eso.! La miré asombrada, pero sin ganas de contestar nada, me dormí exhausta. Por la noche me soltaron para lavarme y comer algo. Luego me regresaron a mi habitación. El resto de los días allí, fueron más agradables, sin torturas, al menos. …………………………………………………………………………………………………………………………………………………
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