1. El nuevo curso (I)


    Fecha: 06/10/2023, Categorías: Gays Autor: ShatteredGlassW, Fuente: CuentoRelatos

    ... alegro, Carlo me ha contado muchas cosas de ti. Todas buenas, tranquilo.
    
    –Gracias… – farfulló sintiéndose un completo imbécil. Esperaba que Damián no creyese que estaba siendo un borde integral y deseó con toda su alma poder decir algo, lo que fuese, pero la timidez se impuso y ató su lengua.
    
    Echó a andar cabizbajo, dejando que Damián caminase a su lado con sus pasos de artista. Hundió las manos en el bolsillo de los vaqueros, consciente de la pésima impresión que estaba causando a pesar de que lo que le hubiese gustado en el fondo era impresionarle, poder dejar una imagen memorable, que se fijase en él de la misma manera. Con mucha cautela se arriesgó a levantar la cabeza, deslizando sus ojos por el entorno hasta encontrar la cara de Damián, para su sorpresa, sonreía con algo parecido a la ternura y no parecía molesto en absoluto por su falta de comunicación.
    
    –Carlo ya me dijo que eras bastante tímido. Espero no hacerte sentir incómodo.
    
    –No, perdona. –Orgulloso por haber conseguido despegar los labios decidió lanzarse con una pregunta inofensiva– ¿Dónde le conociste?
    
    –En el gimnasio. Hacer ejercicio me alivia el estrés y busqué en internet algún gimnasio completo, me apunté y ahí le conocí. Es un buen tío.
    
    Poco a poco Enrique se relajó. Mientras caminaban juntos por la calle pudo soltar el nudo de aprensión que le paralizaba la garganta, aunque mayormente se dedicó a escuchar a su nuevo compañero. Tenía una voz cálida y grave que contrastaba ligeramente con ...
    ... su rostro juvenil. Uno esperaba una voz aún plagada de gallos, no una voz más propia de un tenor bien entrenado. Caminaba sin esfuerzo aparente, con una economía y gracia de movimientos que no pudo salvo admirar, con el cabello brillando rojizo cada vez que atravesaban un parche de luz. Cada pequeñez le hacía sonreír y Enrique no tardó en percatarse de todo el repertorio de sonrisas que tenía, desde la más tenue, que apenas hacía asomar los hoyuelos, hasta la más radiante, donde les desplegaba en todo su esplendor. Cuando por fin se detuvieron frente al portal de Damián, Enrique se lamentó internamente, deseando poder alargar ese momento.
    
    –Oye, Enrique –dijo Damián, manteniendo la puerta abierta mientras hacía tintinear las llaves en la mano –voy a ir después a la biblioteca del campus, a eso de las cinco. En casa casi nunca soy capaz de estudiar. ¿Te apetece venir?
    
    –Claro, claro que me apetece –respondió sonriente, quizá incluso demasiado rápido. A pesar del bochorno no pudo por menos que responder a la amplia sonrisa de Damián con otra igual de radiante.
    
    Plantado en la acera como un estúpido observó el sensual vaivén de sus caderas mientras ascendía las escaleras del portal y se perdía en su interior, al tiempo que una furiosa erección se abría camino dentro de sus vaqueros. Casi corriendo consiguió subir a casa, a pesar de que las manos le temblaban tanto que las llaves se le cayeron en varias ocasiones. En cuanto la puerta de su apartamento se cerró detrás de él ...
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