1. Mi nueva empleada


    Fecha: 31/08/2024, Categorías: Confesiones Autor: Perverso 69, Fuente: CuentoRelatos

    ... dije: no te preocupes. El niño no tiene la culpa.
    
    Una mañana, llegó muy bien arreglada. Se veía tan espectacular, que me atreví a preguntarle.
    
    Y ahora a dónde tan guapa?
    
    No me contestó, solo me miro a los ojos, y avanzó hacia mí de una forma tan sensual.
    
    Me abrazó, y comenzamos a besarnos.
    
    Fue tanta mi excitación, que ya no cruzamos palabras y comenzamos un cachondeo tremendo. Su lengua en mi boca me excitaba demasiado, mi erección estaba al 100% . Tanto que casi rompía el pantalón.
    
    Comencé a mamar aquellos senos tiernos, grandes y jugosos.
    
    Mis manos volaban hacia sus nalgas respingaditas.
    
    Me arrodillé frente a ella y comencé a mamarle el clítoris.
    
    Ella estaba tan excitada, que solo cerraba los ojos y gemía muy rico.
    
    Ya démelo por favor, suplicaba muy excitada.
    
    Se dio la media vuelta y se recargó sobre la mesa abriendo las piernas, esperando ser embestida por mi fierro que ya estaba en su máximo esplendor.
    
    Me saqué el falo para penetrarla, pero recordé que no tenía preservativos. Entonces le dije: solo puedo hacértelo anal.
    
    Me dijo: está bien, pero déjame lubricarlo. Se dio la media vuelta y se inclinó frente a mí, comenzó a darme unas deliciosas mamadas de ensueño.
    
    Ver aquella boquita angelical mamándome, me excitó aún más.
    
    No quise venirme en su boca, aún no.
    
    Le ayudé a incorporarse, le di la media vuelta, la recargué frente a la mesa, y me incliné atrás de ella para lamerle el culo, le di una rica mamada anal, que ...
    ... solo se retorcía de placer.
    
    Ya démelo, por favor, suplicaba excitadamente.
    
    Me ensalive el fierro y lo acerqué a su hoyito. Poco a poco fui penetrándola, solo escuchaba sus gemidos de dolor. Con una de sus manos intentaba separarme. Pero después se relajaba y se hacía hacia atrás, devorándose todo mi miembro, poco a poco. Mi fierro se hundía en ella como una barra de mantequilla En un sartén.
    
    Con mis manos acariciaba sus dos preciosos senos. Mis pantalones y los suyos, se encontraban hasta los tobillos.
    
    Poco a poco comencé un rico vaivén.
    
    Suave, suave, me suplicaba, con los ojos cerrados y mordiéndose los labios.
    
    Poco a poco se fue acostumbrando a mi fierro, hasta que ella sola comenzó un delicioso vaivén.
    
    Con una de sus manos, comenzó a masturbarse, mientras el otro seguía recargado sobre la mesa.
    
    Así, así. Decía, mientras se masturbaba y se hacía para adelante y para atrás adelante y para atrás, con un ritmo cada vez más frenético.
    
    El sonido que provocaba el choque de sus nalgas y mi pelvis, nos excitaba aún más.
    
    No tardó en alcanzar un enorme orgasmo.
    
    Sus gemidos, sus movimientos, y lo apretado que tenía el ano, hicieron que me viniera inmediatamente dentro de ella.
    
    Dándole una embestida salvaje, olvidando que era su primer sexo anal.
    
    Cuando llegué a la eyaculación.
    
    Sentí que le aventé como un litro de espermas.
    
    Mis piernas quedaron temblorosas. Y la abracé.
    
    Permanecimos un momento así. Hasta que mi fierro comenzó a perder ...