1. Ebria cogí con mi hermano mayor


    Fecha: 29/12/2024, Categorías: Incesto Autor: AlonsoLima, Fuente: CuentoRelatos

    ... con ansía, sus manos cogían mis nalgas. Había subido ya mi minifalda hasta mi cintura y sólo tenía la tanga puesta y demasiado húmeda. Mientras nos besábamos, nos desnudamos completamente. Pude ver su pene erecto, era grande, más que el de
    
    Manuel, quien fue el causante teórico de ese momento.
    
    Se dio cuenta que le miraba el pene. Me dijo “mámalo hermanita”. Me arrodillé en el piso y comencé a hacerlo. Él solo decía “eres una genia Marta”. Se la mame unos minutos recorriéndolo todo con mi lengua, metiéndomelo todo en la boca, lamiéndole las bolas, alternaba un poco todo lo que sabía hacer y sentía como él lo disfrutaba. Sus gemidos me excitaban más.
    
    Finalmente me levanté. Me llevó a la cama. Me acomodó en cuatro patas sobre ella. Se arrodillo detrás de mí y comenzó a lamerme el coño y el culo. Me sentí morir. Me habían lamido el coño, pero nunca el culo. De hecho, era virgen por allí. Con su lengua tuve un delicioso orgasmo. Tras tenerlo, me acomodó sobre la cama, de costado. Se puso detrás, semi arrodillado, con sus dedos ensalivó mi vagina. No era necesario, supongo por ...
    ... costumbre lo hizo. Y me penetró.
    
    Sentir su pene dentro me puso a gemir con violencia. Gemía y decía “que rico, que rico”. Él me decía “eres una puta Marta, una putita”. Me movió y me acomodó boca abajo y me siguió cogiendo por mi coño. No intentó ir por mi culito. Nunca se lo he preguntado, pero supongo se dio cuenta era virgen por atrás y no quiso forzar. Llegue mientras él me decía “putita rica”.
    
    Me pidió levantarnos. Lo obedecí. Se sentó en un sofá que había junto a la cama. Me acomodó y me senté sobre él, de espaldas. Me siguió cogiendo por mi coño. Me pidió que me dé la vuelta. Me senté sobre él, mirándolo. Me dijo eres una mujercita Marta, toda una mujer. Seguía penetrándome y finalmente él llego. Yo ya no volví a llegar.
    
    Se nos había pasado ya la borrachera. Nos miramos. Nos besamos. Nos alistamos y volvimos a casa.
    
    Desde ese momento, cada vez que mi hermano volvía a casa buscábamos un momento para coger. Lo hicimos hasta que él se casó, pues desde ese momento, cada vez que volvía, llegaba con su esposa. Luego me casé y esos encuentros quedaron sólo como un recuerdo caliente. 
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