1. De Sade en La Habana


    Fecha: 31/03/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: iluso, Fuente: RelatosEróticos

    ... el lubricante que estaban sobre un mueble de noche.
    
    Me levantó sin esfuerzo alguno y me colocó como quiso. Me penetró. Mis movimientos al inicio eran torpes y se encargó de corregirme.
    
    - Sube el culo..., pega el pecho a la cama, arquea la espalda como la puta que eres -
    
    Dolía, sentí cada fibra de mi ano quebrarse, tuve deseos de defecar. Lloraba y deseaba que terminara, pero a la vez quería que nunca se fuera. El placer llegó en una forma inesperada, pero ahí estaba.
    
    - Tienes que aprender a mover el culo -
    
    Mientras más torpe era yo o más trataba de huir, más duro me agarraba por la cintura y me inmovilizaba contra él. Me pegaba con fuerza. A pesar del dolor y la sensación desagradable inicial me esforzaba por metértela y aguantar, mi único pensamiento en ese momento era el deber de servir a mi Amo. Se había convertido en mi Dueño.
    
    Al límite de mi dolor intenté rendirme. Él fue comprensivo al inicio, me abrazó fuerte y siguió besándome. El condón estaba un poco sucio y le embarró la pelvis, lo limpié con mi mano, pensé en lamerlo ...
    ... pero no estaba seguro. Me senté encima suyo, me aferró fuerte contra su cuerpo desnudo y nos besamos por un buen rato.
    
    - ¿Cómo me vas a sacar la leche?
    
    - Con la boca - respondí
    
    Fingió permitirlo al inicio, pero mi Amo estaba decidido a descargar su semen dentro de mi. Había sido el primero en penetrarme y su trabajo no iba a quedar a medias. Me colocó frente al espejo y me la volvió a meter, esta vez ninguno de los dos pensó demasiado en mi dolor. Fue éxtasis, no sabía si me excitaba más ver su cuerpo o el mío en el espejo.
    
    Eyaculó dentro de mí y tiró el condón usado a un costado de la habitación sucia. En lo adelante fue más descuidado con mi placer. Como un Dios que recompensa a su adorador me permitió venirme mientras lamía su pene embarrado de semen. Yo agradecí.
    
    No recuerdo el último diálogo, solo que fue corto y simple. Él se fue y yo quedé en la cama, oliendo las sábanas con que había limpiado su cuerpo. Estuve así más de una hora.
    
    No sé si fue real o un juego de mi mente. Mi única certeza es que ya no puedo ser el mismo. 
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