1. Dominatrix (F32)


    Fecha: 10/06/2025, Categorías: Poesía erótica, Autor: minervaf, Fuente: RelatosEróticos

    ... pasándola por sus nalgas y sus labios al borde de penetrarla, lo masturbó de esa forma hasta que él finalmente sacó la voz para suplicarle que le dejara anidar su glande hinchado y colorado que goteaba néctar recién cosechado.
    
    Las palabras de su discípulo encendieron aún más la llama de sus entrañas y, tomándolo por la nuca, se dejó clavar tan profundo y sin espera, permitiéndose caer con todo el salvajismo que contenía.
    
    Un excitante gemido de placer y alivio escapo del abusado jovencito, que aturdido contemplaba como toda su dureza se perdía una y otra vez en las brutales sentadas que le propinaba su contendora. Un par más de esas terminarían de exprimirlo pero ella aún quería gozarlo más.
    
    Con desfachatez, ella giró sobre su verga para darle la espalda y dejarle a la vista el golpeteo de sus gluteos subiendo y bajando tan rápido que podía sentir como el frenillo de su verga ya no podía contener tamaña longitud e inflamación.
    
    Un fuerte golpe en su pierna acompañado de un claro mandato, lo sacaron del trance que lo mantenía inmóvil y boquiabierto admirando el espectáculo que a ratos le hacía temer una circuncisión casera.
    
    Ven, ...
    ... ábreme el culo, sobrinito...
    
    En dos tiempos, la ardiente tía se levantó y puso su cara contra la pared, abriéndose las nalgas de par en par, esperando la animal estocada anal de su afrodisíaco novato, que se incorporó azorado con la irresistible escena.
    
    Una deliciosa declaración confirmó de sus labios, que con ella debutaría en esa práctica y así, en ese instante, terminó por dejarla agobiada de atrevimiento, azotándose solita y provocando, en incontables ocasioneslos, los embates de esa rígida envergadura hundiéndose en su jugoso culo, hasta que él se acostumbró al ritmo calándolo a fondo e impregnándolo de su ya incontenible esperma.
    
    Un riquísimo juego de su suelo pélvico terminó por exprimir hasta la última gota del agotado cuerpo de ese jovencito, aún cuando las piernas de esa impúdica mujer terminaban apenas de temblar a causa de la culminación.
    
    Su sobrinito no pudo más que dejarse caer sobre la cama a sus espaldas y en pocos minutos durmió rendido por el resto de la noche. Ella se encargó de arroparlo, adecentar un poco el desastre y acomodarse a su lado pensando en el banquete que se daría en un par de horas, al despertar. 
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