1. Sin tocar


    Fecha: 03/08/2025, Categorías: Bisexuales Autor: AlexFlorentine, Fuente: CuentoRelatos

    Hemos quedado hoy sábado, de nuevo para lo mismo, pero en plan juego. Saldremos de la rutina diaria porque es el día en el que él, al contrario que la mayoría de los humanos, llega de madrugada a casa.
    
    Hoy, tú y yo nos acariciaremos con las palabras, disfrutaremos en la distancia; absolutamente prohibido tocarse.
    
    Ponemos un sillón frente al otro, la mesa a un lado, cerca de tí. Nos hemos servido unos martinis con vodka y con aceituna incluida. Quedamos en ropa interior y volvemos a repetir las normas; se puede ver, oír y oler. El gusto y el tacto están penalizados.
    
    La reto. Se inclina hacia la mesa, coge un cubito de hielo del martini, y después se recuesta y cruza las piernas como Sharon Stone en Instinto Básico.
    
    —A ver... —comienza—. Estoy arrodillada frente a ti, te sujeto los tobillos y apoyo las manos en las pantorrillas abriéndote las piernas. Por dentro, te comienzo a pasar este hielo hacia arriba con lentitud y dibujando círculos, llego a las rodillas…
    
    El hielo se derrite en su puño, lo acerca a su escote y comienza a refrescarse.
    
    —¿Qué haces? Dijimos que nada de tocarse.
    
    —Y no lo hago, es el hielo quien lo hace.
    
    «Becka siempre es igual», sonrío mirándola para que prosiga.
    
    —Separo tus rodillas, me meto entre tus piernas y deslizo el hielo por tus muslos; por encima y por los lados hasta tu ropa interior. Tu piel se eriza, mi aliento llega hasta tu abdomen, pero me retiro, te miro, lamo lo que queda del hielo y desaparece por completo en mi ...
    ... boca. Tenía tu sabor.
    
    En el sillón, tomo aire, me había quedado casi sin respiración. Es como si despertara de un placentero sueño. Descruza las piernas y continúa:
    
    —Te sigo mirando y me bajo los tirantes del sujetador enredándolos en los dedos, con lentitud. Es de cierre delantero, y en él, hay dos minúsculas gotitas de agua que fueron resbalando por mi escote hasta encontrar obstáculo.
    
    Esta vez no es necesario que lo imagine. En el sillón, frente a mí, es lo que está haciendo.
    
    Se inclina de nuevo para tomar su martini. Lo tiene más fácil, la mesa está a su lado. Supongo que lo tenía pensado todo desde el principio.
    
    —¿Quieres? ¿Te acerco tu vaso? —me pregunta dejando el suyo sobre la mesa e inclinada hacia mí.
    
    Se levanta con el vaso, se acerca y se pone delante. Puedo sentir que tengo todos los músculos en tensión. Se inclina y me lo da. Lo tomo con cuidado, no puedo rozarle ni sin querer su mano. Bebo, mala idea porque lo que más necesitaría es agua, no alcohol. Me queda la boca pastosa. Pero…
    
    Entonces ella hace algo con lo que no contaba, saca el hielo de mi vaso, lo pone delante de su boca, le pasa la lengua…
    
    —El martini deja la piel pringosa —insinúa.
    
    Y se acerca más. Salto cuando toca mi cuello. Las gotas se deslizan hasta mi abdomen y quedan paradas en mi ropa interior. La miro, acerca el hielo a mi boca y me obliga a saborearlo. Me refresca. Está por la mitad dado mi calor corporal, y me lo sigue deslizando por el torso; con cuidado de no ...
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