-
Mi tía Dorita, si, pero ¿y mi abuela?
Fecha: 04/10/2025, Categorías: Incesto Autor: Gastby, Fuente: CuentoRelatos
Era domingo y como todos los domingos desde que tengo uso de razón, tocaba comida familiar en cada de los abuelos, cosa que con 12 años te divierte, pero ya con 19, como que te resulta harto pesado. Tenía que prepararme para contestarles a todas y cada una de mis tías, que no, que aún no tenía novia, desconozco como se las arreglan, pero después del saludo inicial, del “cuanto has crecido” siempre e irremediablemente iba la fatídica pregunta: “ya tienes novia?”. De todas las hermanas de mi madre, mi tía Dora, era la mayor, demasiado quizás para mí y realmente nunca la había visto como mujer, para mí era la tía que nos complacía, que nos compraba chucherías, nos mimaba y la edad ya comenzaba a hacer mella en ella, con la aparición de las primeras manchas en sus manos, arrugas, pese a ello, a sus 56 años, su silueta enfundada en un traje ejecutivo de señora, medias y tacos altos, aún hacía que los hombres tornaran la mirada hacia ella. Durante la comida, mi asiento y de forma casual, mi asiento quedó enfrente del de la tía Dora, cosa que me agradó, claro que no contaba con que a mi lado estuvieran mis abuelos franqueando la parte derecha y mis agobiantes primos gemelos de 11 años, que se la pasaban jugando con la comida, alborotando, lo que suscitaba las reprimenda de sus padres, que advertidos por el comportamiento de los niños, huyeron hacia el extremo mas alejado de la mesa. -¡¡¡Alex, Damián, estesen quietooos!!! -Se oía cada dos minutos en medio de la ...
... comida. Entre el ruido de las conversaciones, las risas, los niños incordiando y sin saber muy bien ni como empezó, lo cierto es que en medio de la conversación me excité, reconozco que no es el lugar más erótico posible, pero así fue, motivado por la visión que tenía enfrente, tía Dora, pese a ser domingo, había ido a la oficina, así que estaba bien arreglada, con sus uñas largas, su traje que despertaba en mí el lado fetichista. No podía levantar mi mirada de ella, y ella lo notaba, así que haciéndose dueña de la situación, comenzó a lanzarme miradas pícaras, jugando disimuladamente con su lengua y el tenedor, al tiempo que me sobresalté, al sentir el roce de su pie descalzo, enfundado en su media negra, que se deleitaba en frotarse una y otra vez. Comencé a sudar, por el nerviosismo de la situación, estaba entre aterrado y sumamente excitado, -¡Roberto! -¿Qué? -Contesté sobresaltado, -No has comido nada, ¿no te gusta acaso la comida? –infirió mi abuela. ¡Casi me infarto! ¡Pensaba que habían descubierto algo!, mi tía sonreía burlonamente y continuaba, intentando atrapar entre los dedos de su pie, la punta de mi bulto, para abandonarla posteriormente y hacer presión sobre mis testículos. Yo no podía más, tenía ganas de aferrarme a su pie para que continuara, mientras que hacía verdaderos esfuerzos por controlar mis reacciones, intentando tragar, entonces me sobrevinieron ganas de correrme, por lo que sin saber muy bien como, me levante, pedí excusas y me fue al ...