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Amigos en la fortuna. Quinta parte
Fecha: 05/10/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos
Durante mucho tiempo, aprendí a mentir con la mirada. A sonreír cuando por dentro me ardía el estómago de rabia o miedo. A fingir que todo estaba bien mientras escondía los moratones debajo de una camiseta de manga larga. Me hice experto en contar solo lo que quería que los demás supieran. Y nadie sospechaba nada. Nadie. Ni Jandro, ni Gabriel, ni Clara, ni siquiera Félix, que se las daba de observador. Ninguno. Yo era el tipo listo, el que resolvía los problemas de mates en segundos, el que sacaba matrícula sin despeinarse, el que se reía con los demás en clase y en los recreos. ¿Quién iba a imaginar que esa brillantez era mi única vía de escape? Era como una segunda piel. Una armadura. Lo oculté todo. Como si mi vida real fuese una vergüenza, un capítulo que no debía existir. Incluso me esforzaba en parecer arrogante a veces, como para espantar cualquier intento de cercanía verdadera. Nunca quise que nadie viera el vacío que había dentro. Ni siquiera cuando empecé a salir con Isabel. Ella... fue distinta. Me gustaba su mirada, su curiosidad, esa mezcla de calidez e inteligencia. No sé cómo pasó, pero de pronto me encontré hablando más de lo que había hablado nunca. Bajando la guardia. No todo, al principio. Pero una noche —la recuerdo con precisión quirúrgica— estábamos tumbados en su cama, en su piso, y me preguntó si alguna vez había tenido miedo de mi padre. Y fue como si alguien abriera la compuerta. Le conté todo. Lo de mi madre, lo de Lucía, lo de las ...
... noches encerrado en el cuarto, contando segundos hasta que cesaran los gritos. Le hablé de la rabia, de la culpa, de los sueños rotos. Y ella... no dijo nada. Solo me abrazó. Como si me recogiera de los restos. Después me hizo prometer que hablaríamos más veces de eso, que lo sacaría fuera, que no podía vivir enterrándolo eternamente. Y yo le hice prometer que nunca lo contaría a nadie. Ni a nuestros amigos. Ni a Félix. Ni siquiera si un día estábamos lejos el uno del otro. No sé por qué confié en ella. Quizá porque me miró sin lástima. Sin compasión. Solo con verdad. Y aunque lo nuestro no duró, siempre le agradeceré eso: que supiera ver al otro Héctor. Al que nadie más había visto jamás. ¿Qué es lo peor? Que después de haber contado mi historia, seguí siendo el mismo. Brillante por fuera, roto por dentro. Solo que ahora había una persona en el mundo que conocía la herida. Y yo, que tanto me protegía, le había dado la llave de todo. Quizá por eso la recuerdo más de lo que admito. Quizá por eso, cuando la vi con ese policía, con Lorenzo, algo en mí se removió. No era celos. Era algo más primitivo. Era el miedo de que la única persona que me había visto de verdad… me olvidara. Y a todo eso quizá la vida me haya convertido en un miserable. Un miserable que a veces necesita humillar a los demás para sentirse bien, como la noche que le levanté a Aurora a Félix en sus propias narices, narcotizada por mi con la intención de abusar sexualmente de ella, cosa que en el ...