1. Policía en prácticas


    Fecha: 11/11/2025, Categorías: MicroRelatos, Autor: Lena Hache, Fuente: TodoRelatos

    - Si no me haces caso cometeré un delito para que me persigas. - Le susurré a la rubia de prácticas con la que llevaba tonteando una semana.
    
    Ella, Laura, rio pensando que era broma, pero yo lo decía muy en serio. Me tenía loca.
    
    Se había integrado en el grupo de maderos, compañeros suyos, con los que, de tanto coincidir, ya me tomaba el café charlando con ellos. Era una chica joven, recién salida de la academia, tenía dos o tres años menos que yo y yo todavía era bastante joven, aún estaba en la universidad. Tenía un buen cuerpo, pero su timidez evitaba que llamase la atención.
    
    Al día siguiente actué improvisando. Metí la mano en el bolso de la señora que estaba a mi lado cuando vi que ella me miraba. Saqué su cartera y se la enseñé a mi agente favorita para dejar claro que me estaba saltando la ley. Laura se acercó a mí.
    
    - Devuelve eso ahora mismo. - Me dijo sin que la señora se enterara de que le había mangado la cartera.
    
    - Mmm... No sé. ¿Qué me das si lo hago?
    
    - No te detengo.
    
    - Es precisamente lo que quiero, que me esposes.
    
    Laura agarró la cartera y se puso a forcejear conmigo disimuladamente, para que nadie se enterase. Yo me moví bruscamente y llamé la atención ...
    ... de todos. A ella no le quedó más remedio que detenerme. Yo no me resistí. Ella me quería llevar al calabozo, pero sus compañeros la convencieron para que me llevara a una sala más informal por ser yo una amiga (conocida) de todos.
    
    En la sala me sentó en una silla y se puso a darme la chapa. Yo me levanté y la besé.
    
    - No, esto no. No puede ser.
    
    - Te deseo, Laura. Si quieres que me rehabilite deja que te folle. Si dejas que te eche un polvo no vuelvo a delinquir.
    
    Laura no quería saltarse las normas, pero acabó cediendo parcialmente. No me dejó echarle un polvo, pero sí me dejó comerle el coño. Se quedó desnuda de cintura para abajo. Yo me arrodillé con las esposas sujetándome las muñecas en mi espalda y hundí mi cara en su entrepierna. Mi nariz rozaba su clítoris y mi lengua jugaba con su vagina. La chica tímida con pinta de hetero se dejó llevar:
    
    - ¡Uf! ¡Sí! ¡Qué bien! Cómo me recuerdas a mi primera novia. ¡Oh!
    
    Yo pensaba que era su primera experiencia lésbica, pero cómo me puso imaginar como otra se la follaba. Sentir su corrida en mi cara fue lo que me sacó de mi fantasía. Se vistió y con una sonrisa de pícara me dejó encerrada en aquella sala, sin quitarme las esposas. 
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