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Con una madurita amiga de mi padre
Fecha: 29/11/2025, Categorías: Sexo con Maduras Autor: MaduritaxLover, Fuente: CuentoRelatos
Corría el verano en el cual yo contaba con 20 años recién cumplidos, no se puede decir que sea de mala familia y siempre nos han gustado los lujos y el glamour por eso cuando mi padre se aficionó a jugar al golf, yo también cogí esa afición, más que nada por hacer algo de deporte, aunque en principio este me pareciese un deporte de viejos. Además, desde el primer día que acompañé a mi padre al campo de prácticas ver cómo había chicas de mi edad, de mi misma clase social con bastante nivel y algunas de ellas eran realmente unas preciosidades. Aparte de que me resultaban bastante atrayentes el resto de actividades de este club de campo, tenis, paddle, hípica, polo, hockey, piscina privada… club social… y demás actividades lúdicas para el entretenimiento de un fin de semana. Mi padre me compró un juego de palos de golf, y poco a poco fui adquiriendo el resto de accesorios y complementos necesarios para la práctica de este deporte que ya me estaba empezando a gustar un poquito más. Una mañana fui con mi padre al campo de prácticas, pues los sábados y domingos me gustaba pasar el día allí lanzando unas bolas o jugando unos hoyos, y en ocasiones esporádicas jugar al tenis o montar a caballo con alguna pija amiga de mi edad de buena familia que había conocido por allí. Estábamos en la cabina de tiro cuando vi llegar a una señora de unos 50 años, rubia, con unas tetas enormes y un culazo de impresión enfundado en unos pantalones de color blanco cómodos pero que marcaban ...
... bien todas sus curvas y una camiseta que dejaba ver los dos grandes senos que se escondían detrás de ella. Cerró la puerta de su Mercedes y con una gorra se puso en la cabina de al lado a lanzar algunas bolas. Me sorprendí bastante cuando vi que saludaba a mi padre, por lo visto se conocían de verse por allí a menudo los fines de semana, no pensé en otra cosa pues era normal que de coincidir allí se conociesen y hablasen. Mi padre me la presentó, ella se llamaba Marisa, y tenía 54 años. Le propuso a mi padre ir a jugar unos hoyos, pero mi padre tenía cosas que hacer y no podía. —¿Te importa que te acompañe mi hijo? —No, en absoluto. —Contesto ella dedicándome una sonrisa que me turbó sobremanera. Cogimos las cosas y subimos a la casa club donde sacamos los tickets y comenzamos a jugar uno a uno los 18 hoyos, charlando, ella era muy abierta y yo me mostré también muy extrovertido contándole mis gustos sobre mi música, el cine, la literatura… la conversación se fue haciendo más amena al paso de los minutos. Incluso me atreví a preguntarle cosas un poco más personales como si tenía hijos, estaba casada. Marisa tenía una hija de 25 años, pero se encontraba separada y vivía sola. Su hija estaba ahora estudiando en la universidad en Francia. Marisa era francesa de padres españoles. Según fue pasando el tiempo me iba fijando en sus caderas, su cintura, en cómo se contorneaba a través de las calles de los hoyos. Y en lo bien que le sentaba a su melena rubia la gorrita ...