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El Precio de Amar a mi Padre - Parte 2
Fecha: 02/01/2026, Categorías: Incesto Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos
... de Alexander, jugo femenino manando sin control. Pero Alexander no se detuvo. Mientras Rebeca jadeaba, todavía convulsionando por los espasmos, él se colocó entre sus piernas. Su erección, gruesa y venosa, presionó contra su entrada. β Mira cómo te la meto β ordenó, agarrándole las muñecas y clavándolas sobre la almohada. Y entonces, con una lentitud agonizante, comenzó a penetrarla. La cabeza de su miembro separó sus labios, estirándola de manera deliciosamente dolorosa. Rebeca gritó, uñas enterrándose en las palmas de Alexander. β Dios... tan... grande... β sollozó, sintiendo cómo la llenaba centímetro a centímetro. Alexander gruñó, mandíbula apretada, cuando por fin sus caderas chocaron contra las nalgas de Rebeca. β Toda... Toma toda a papi como una buena niña β jadeó, soltando sus muñecas para agarrarle las caderas. Y entonces comenzó a moverse. Las primeras embestidas fueron controladas, profundas, permitiendo que Rebeca se acostumbrara a su tamaño. Pero pronto la bestia dentro de Alexander salió a la luz: sus empujes se volvieron brutales, el sonido de piel contra piel llenando la habitación. β ¡Sí! ¡Más fuerte! β Rebeca gimió, arqueándose para recibirlo mejor. Alexander cumplió. Agarró sus piernas y las levantó sobre sus hombros, cambiando el ángulo para penetrarla aún más profundo. β Aquí... ¿Aquí te gusta? β preguntó mientras su pelvis golpeaba su clítoris con cada embestida. Rebeca no podía hablar. El placer era ...
... demasiado, un huracán que la arrasaba. Su segundo orgasmo llegó sin aviso, un tsunami que la hizo gritar hasta quedar ronca. Pero Alexander no terminó. β No acabamos, princesa β jadeó, volteándola como un muñeco de trapo hasta ponerla a gatas. Rebeca apenas tuvo tiempo de entender antes de sentir sus manos en sus caderas, antes de que la penetrara de nuevo, esta vez más profundo, más bestial. El alba había dado paso a la mañana plena cuando Alexander, con la fuerza de un toro y la precisión de un cirujano, reclamaba el cuerpo de su hija por enésima vez. La habitación olía a sexo crudo, a piel sudorosa y a sábanas empapadas de sus fluidos mezclados. Rebeca, tendida boca abajo sobre el colchón, apenas podía mantener los ojos abiertos, pero cada nueva embestida de su padre la hacía volver a la vida con un jadeo gutural. β No te duermas, princesa β Alexander le gruñó al oído mientras sus manos, grandes y rudas, se cerraban alrededor de sus caderas para levantarla hasta arquearla como un gato en celo. Su miembro, aún duro como mármol a pesar de las horas, se deslizó entre sus nalgas antes de volver a hundirse en esa humedad caliente que ya lo conocía demasiado bien. Rebeca gritó, uñas arañando las sábanas arrugadas. β ¡Papi, no puedo más! β suplicó, voz rota por el uso excesivo. Pero Alexander solo respondió con una carcajada baja y carnal antes de agarrarle el pelo con una mano y tirar hacia atrás, forzándola a arquear la espalda aún más mientras su pelvis chocaba ...