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Una manera poco peculiar de aprender – parte 2
Fecha: 15/01/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Incesto Voyerismo Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30
Era lunes por la mañana y el aula estaba envuelta en un silencio total. La tensión flotaba en el aire mezclada con el sonido de los pasos del profesor sobre el piso de madera. Vigilando, asegurándose de que nadie estuviera copiando. Y ahí estaban… Diego y Lucas, sentados en sus pupitres al fondo de la clase con sus cabezas inclinadas sobre el examen del primer parcial. Sus corazones latían rápido, pero esta vez, no tenían miedo al fracaso. Las imágenes del sábado con Carla, estaban en sus memorias. Era asombroso, Diego al fin estaba concentrado en un problema de física, y Lucas por su parte, apretaba el lápiz murmurando una ecuación y asentía, confiado por primera vez. Los minutos pasaban, y cuando el profesor ya recogía las pruebas, los gemelos se miraron desde lejos. Con una chispa de complicidad en sus rostros, como si compartieran un secreto que nadie más entendía. Y así… salieron del aula y regresaron a casa como de costumbre. Al llegar ahí, su madre salió rápidamente de la cocina a su encuentro, era su día libre, y esta vez esperaba con ansias los resultados. —Hola chicos, ¿Cómo les fue? —Hola, Ma… Creemos que bien —dijo Diego, apoyándose en el marco de la puerta, con un brillo travieso en la mirada. —Hay que esperar hasta al viernes para las notas, pero… esta vez fue diferente. Creo que sí nos fue bien —añadió Lucas, rascándose la nuca. María sonrió, dejando el trapo sobre la mesa. Los abrazó rápido, como si temiera arruinar el momento y volvió a la ...
... olla con un ligero murmullo de orgullo. —Esto es por Carla. Esa chica es un ángel, dijo. Mientras Diego y Lucas, intercambiaban una mirada pícara al subir a su cuarto, sin decir nada… nada más. La semana pasó como un suspiro. Las clases, los apuntes y las noches frente al televisor se mezclaban, pero el eco de la tutoría con Carla seguía ahí, flotando en sus pensamientos. El viernes llegó, y el aula volvió a llenarse de murmullos. El profesor entró con un montón de exámenes corregidos, y el corazón de Diego dio un salto. Lucas, recostado en la silla, fingía calma, pero sus dedos tamborileaban sobre el pupitre. Cuando el profesor dejó las hojas frente a ellos, los gemelos contuvieron el aliento. Un nueve brillaba en el examen de Diego, y un ocho en el de Lucas, escritos en tinta roja. Diego soltó un suspiro bajo, y Lucas rió golpeando el puño contra el de su hermano. —Buen trabajo, chicos —dijo el profesor, deteniéndose frente a ellos—. Sigan así… El resto del día fue una nube de euforia. Caminaron por el cole con el pecho inflado, intercambiando bromas y recreando las respuestas del examen. En casa, María casi dejó caer una bandeja de pollo al escuchar la noticia. Los abrazó tan fuerte que Lucas se quejó, riendo, y la cocina se llenó de sus voces alegres. —¡Nueve y ocho! ¿De verdad? ¡Estoy tan orgullosa! —dijo María, con los ojos húmedos. —Todo se lo debemos a Carla —dijo Diego, con una sonrisa que escondía algo más. —Ajá… ella sí sabe cómo enseñar ...