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Mi madrastra cambió mi vida para siempre
Fecha: 18/01/2026, Categorías: Incesto Autor: 41marcelo, Fuente: RelatosEróticos
Ahorita tengo 19 años, pero todo empezó cuando todavía era un morrito. Mis jefes siempre se peleaban, desde que tengo memoria. Eran discusiones casi diarias y siempre por celos. Mi papá era bien posesivo y no paraba de decir que no confiaba en mi mamá, la Viviane, que ahora es mi madrastra. En aquel entonces no le entendía bien, pero después me di cuenta que la razón era obvia. La Viviane siempre tuvo un cuerpo que llamaba la atención: unas nalgotas naturales, muslos gruesos, chichis abundantes, cintura marcada y una forma de vestir que no escondía mucho. Aún así, nunca la vi como alguien vulgar, solo se veía natural en ella. Pero para mi papá eso siempre fue un pedo. Se peleaban tanto que cuando cumplí 13 años, la separación pasó de golpe. Cuando la Viviane se fue de la casa, me quedé con mi papá. Pensé que sería mejor, pero pronto vi que no era tan sencillo. Se puso más frío, trabajaba un chingo y cuando estaba en casa era como si no estuviera. Pasaba la mayor parte del tiempo solo y el ambiente se puso tan pesado que después de un rato empecé a pasar más tiempo en casa de mi tía. Hasta que un día decidí mudarme con ella de una vez. Estuve casi tres años viviendo con mi tía. En ese tiempo, tuve poco contacto con la Viviane. A veces aparecía en un cumpleaños, me marcaba al cel para ver si estaba bien, pero no pasaba de ahí. Ella parecía bien ocupada viviendo su vida. Yo no la juzgaba, solo seguía en lo mío. Todo cambió cuando cumplí 16 años. Me acuerdo como si ...
... fuera ahorita: la Viviane me marcó y me dijo que quería que me fuera a vivir con ellos, (había vuelto con mi papá) me dijo que querían cuidarme de verdad. Me puso tan feliz que no lo podía creer. La extrañaba, aunque siempre hubiéramos tenido una relación lejana. Parecía la oportunidad de empezar de nuevo. Cuando llegué a su casa, lo primero que noté fue que el ambiente era diferente. Era un departamento amplio, bien iluminado, con olor a lavanda. Parecía que ella cuidaba todo con atención y cariño. Me recibió con una sonrisa y un abrazo apretado. «Tenía ganas de verte», me dijo, y sentí una mezcla de comfort y algo raro al mismo tiempo. Los primeros días todo fue tranquilo. Ella cocinaba para nosotros, platicábamos de la escuela, de mi futuro, de películas y series. Era atenta de una forma que no recordaba haber visto en ella antes. Pero conforme pasaron los días, empecé a notar cosas que antes no me hubieran llamado la atención. La Viviane era bien relajada en la casa. Andaba en shorts cortos, playeras holgadas y a veces solo en calzones y una camiseta. Parecía sentirse completamente cómoda conmigo ahí. Al principio me pareció normal, porque era verano, pero poco a poco empecé a fijarme en detalles que no pasaban desapercibidos: el short que se le subía cuando se inclinaba a agarrar algo, la playeras que se le caían y dejaban ver parte de sus chichis, o el movimiento natural de sus nalgas cuando caminaba por el pasillo. Hubo un día que entré a la cocina y ella ...