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Promoción del 93. Capítulo 56
Fecha: 30/01/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos
Aquel jueves de finales de mayo comenzó como cualquier otro. Félix preparaba café en la cocina mientras Marisa hojeaba en la tablet una lista de posibles canciones para la playlist del parto, una música que la relajase. Estaban tranquilos. Era aún una semana antes de la fecha prevista. Nada parecía urgente. —¿Te imaginas que nace esta noche? —dijo ella en broma, acariciándose la tripa que ya parecía el mundo entero. —¿Hoy? ¿Con este calor? Ni loca. Esperará a un día con nubes —contestó él, riendo. Pero Eva tenía otros planes. A las seis y veintitrés de la madrugada, Marisa se incorporó en la cama de golpe, con una expresión mezcla de sorpresa y pánico. —Félix… creo que se ha roto la bolsa. Él despertó como si una alarma hubiera estallado en la habitación. Saltó de la cama, tropezó con sus zapatillas y corrió hacia ella. —¿Estás segura? ¿Notas contracciones? —Aún no… pero esto… —señaló las sábanas empapadas—. No es sudor, cariño. Lo siguiente fue una coreografía torpe pero veloz: maleta ya preparada, papeles del seguro, móvil, DNI, suero, zapatillas cómodas para ella. Mientras bajaban en el ascensor, Félix temblaba más que ella. —Respira, papá primerizo —le dijo Marisa, fingiendo una calma que no sentía. Las contracciones llegaron en la entrada del hospital. Cortas al principio, luego más largas, más intensas. El ascensor a urgencias se les hizo eterno. Las siguientes horas fueron una mezcla de corredores blancos, pitidos, enfermeras ...
... diligentes y la voz de una matrona joven pero firme que se convirtió en el faro de ambos. —Estás de cuatro centímetros. Aún falta. —¿Y no podemos acelerar esto? —preguntó Félix, inútil, queriendo ayudar sin saber cómo. —No es una paella, papá. Es un parto —respondió Marisa entre risas y jadeos. Pasaron las horas. El sol ya se había alzado por encima de Albacete cuando el ritmo de todo se volvió más urgente. Félix se colocó junto a ella, le ofrecía agua, le hablaba al oído, le secaba el sudor. —Ya casi estás, Marisa. Vamos, preciosa. Ya está aquí. Ella gritó. Lloró. Le apretó la mano hasta casi dislocarle los dedos. Y entonces, de pronto, un silencio. Y luego, un llanto. Eva. Llanto alto, agudo, como una trompeta anunciando su llegada al mundo. La colocaron sobre el pecho de Marisa después de la primera vacuna. La mamá no podía parar de llorar. Félix sentía que el corazón se le salía del cuerpo. Se quedó observando a las dos, como si el mundo entero hubiese quedado reducido a ese instante. —Hola, pequeña —susurró Marisa, besando la frente mojada de su hija. —Mi niña… —balbuceó Félix, incapaz de decir más. Cuando horas más tarde abrieron la puerta de la habitación a los visitantes, Marisa ya tenía a Eva dormida sobre su pecho y aunque cansada, una sonrisa nueva en la cara: la de madre. Entraron primero los padres de Marisa, emocionados, cargados de bolsas y flores. Su madre la abrazó como si aún fuera su niña. Después, Rocío, la hermana ...