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La Sombra del Recuerdo
Fecha: 05/02/2026, Categorías: Incesto Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
Héctor conoció a Andrés en la universidad, durante su primer año de medicina. El primer día de clases, entre el bullicio de los nuevos estudiantes y el peso de los libros recién comprados, compartieron una mirada cómplice cuando el profesor de anatomía entró al aula y, sin preámbulos, arrojó un cráneo humano sobre la mesa. —Bienvenidos a medicina —anunció con una sonrisa ladeada. Algunos estudiantes rieron con incomodidad; otros tragaron saliva. Andrés, sentado junto a Héctor, se inclinó hacia él y susurró: —Nos quieren asustar. Pero no nos dejaremos, ¿cierto? Héctor sonrió y asintió. Había algo en la actitud relajada de Andrés que le cayó bien de inmediato. Parecía ser de esas personas que se adaptaban a cualquier entorno con naturalidad, sin que nada pareciera perturbarlo demasiado. Desde ese día, se volvieron inseparables. Estudiaban juntos en la biblioteca, compartían café en la cafetería del campus y se enviaban mensajes a altas horas de la noche cuando las dudas de anatomía los atormentaban. Andrés hablaba con entusiasmo de su familia, en especial de sus hermanos mayores, Julián y Elena. —Son geniales, te van a caer bien —aseguró una tarde, mientras hojeaban un libro de histología—. Tienes que venir a cenar con nosotros. Héctor dudó un momento. No solía socializar mucho fuera del campus, pero la forma en que Andrés hablaba de su hogar lo intrigaba. —¿Por qué no? —aceptó con una sonrisa. —¿Y tus padres? —preguntó en algún momento de la ...
... conversación. Andrés guardó silencio unos segundos antes de responder: —No están. Vivimos solos los tres. Héctor esperó una explicación que nunca llegó. La noche de la cena llegó más rápido de lo esperado. La casa de los Martínez estaba en las afueras de la ciudad, alejada del bullicio urbano, rodeada de árboles altos y sombras alargadas. Cuando Héctor cruzó la puerta, fue recibido con entusiasmo por Elena y Julián. Elena, la mayor, tenía una belleza serena y una mirada intensa que parecía analizar cada gesto. Julián, en cambio, irradiaba carisma con una sonrisa fácil y comentarios oportunos. Había una calidez en ellos, una cercanía palpable que resultaba acogedora… tal vez demasiado acogedora. Al principio, Héctor no notó nada extraño. La conversación fluía con naturalidad, la comida era deliciosa y la risa llenaba el comedor. Pero con el paso de los minutos, algo comenzó a inquietarlo. La forma en que los hermanos interactuaban entre sí. Los pequeños roces de manos, las miradas que se prolongaban más de lo normal, las risas que parecían contener algo más. No era el tipo de relación que esperaba entre hermanos. Elena se inclinó sobre Julián para alcanzarle la sal, y sus dedos rozaron su brazo con una suavidad deliberada. Andrés miraba la escena con una leve sonrisa, como si fuera lo más natural del mundo. Héctor se removió en su asiento, incómodo. Tal vez estaba imaginando cosas. Tal vez solo era una familia con una relación muy cercana. —¿Por qué nos ...