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La influencer influenciada (cap. 2): El encuentro
Fecha: 08/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: superthor69, Fuente: CuentoRelatos
... Sintiéndose intimidada hasta el grado de quedarse petrificada y no ser capaz ni de girarse, trató de fingir que ignoraba su existencia, mientras mantenía sus ojos fijos en algún lugar del horizonte. Cuando de improviso, Juan Ignacio irrumpió en su divagar. -Perdona. ¿Eres Lara? -¡Si! -Profirió ella, empleando un tono algo desencajado. Acto seguido, se giró lentamente hacía él y lo miró. Cuando sus ojos hicieron contacto, Juan Ignacio le sonrió. Parecía ser más mayor en persona que en las fotos, para las cuales sin duda, se empleaba a fondo en mostrar siempre su mejor perfil. Si bien era alto, con el resto de su cuerpo pasaba algo parecido. Aquel físico atlético que figuraba tener en los post que subía a sus redes, había dejado hace tiempo de corresponder con la realidad, evidenciando un deterioro propio de la edad y achacable también a la falta de ejercicio. -Te he visto de milagro, pequeña-. Dijo él a viva voz, o al menos así lo percibió una Lara que internamente, se descubría librando una batalla contra sí misma por no derrumbarse y mostrar cierta espontaneidad. Mientras todo esto pasaba por su cabeza, Juan Ignacio proseguía hablando. -Te he reconocido por tu melena rubia, ya que en tus fotos sales siempre desenfocada o de perfil. ¡Bribona! Que apenas te dejas ver-. -Bueno. ¿No me das ...
... dos besos?-. Sentenció Juan Ignacio mientras apoyaba con sutileza su mano derecha sobre uno de sus hombros. -¡Si! Claro. Perdona, espera que me levanto -Dijo ella algo sobresaltada, mientras fruncía el ceño procurando aparentar una especie de sonrisa. Una vez que hubo incorporó se giró hacía él, y en ese instante pudo apreciar lo realmente alto que era, sobre todo en comparación. Él se agachó un poco, la cogió de la cintura y procedió a saludarla, propinándole dos besos a escasos centímetros de sus mejillas. Tras eso, Lara se retiró hacia atrás con cuidado, con la clara intención de volverse a sentar, pero Juan Ignacio intervino. -Oye cielo, tengo el coche mal aparcado. ¿Qué tal si nos vamos ya? No quiero que la grúa se me lo acabe llevando-. Expresó de forma directa, pero acompañando la frase en todo momento con un cierto aire de hilaridad. -¡Es verdad! Perdona. Espera que coja el bolso y nos vamos-. -¿Has pagado? -Dijo él, mientras se llevaba la mano al bolsillo. -Sí, tranquilo, pagué a la hora de pedir. No te preocupes-. Juan Ignacio caminó delante. Cuando estuvo a escasos metros del coche, activó las puertas con el mando y mostrando un bello acto de caballerosidad, se dispuso a abrir primero la suya, la del copiloto. Una vez montados y puestos los cinturones, partieron hacia su casa.