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Sometido a sus pies
Fecha: 13/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Fetichismo Hetero Autor: Gatito664, Fuente: SexoSinTabues30
Mi compañera, Melanie, es preciosa en todos los sentidos, tiene un rostro de diosa, un cuerpo espectacular, chaparrita, caderona, tetona, deliciosa. Pero nada se compara a su atributo más hermoso: esos delicados pies perfectos que me vuelven loco. Cada vez que trae zapatillas abiertas que dejan ver sus deditos, los veo de reojo desde mi escritorio y solo puedo imaginar lo delicioso que deben oler y saber. O cuando se va al gimnasio al salir de la oficina y alcanzo a ver cómo se cambia sus zapatillas por unos tenis, y veo esos pies tan suaves y delicados, rosaditos, me vuelvo loco deseando poder disfrutarlos. Mi día de suerte llegó un martes por la tarde: todos se habían ido de la oficina, yo me quedé para terminar un papeleo que no quería dejar a medias. Ella ya se iba también, pero primero se cambió sus tacones por unos tenis porque era día de gimnasio. Se despidió de mí como siempre y se fue. A los pocos segundos lo noté… Ella había dejado una bolsita bajo su escritorio, la conocía bien. Una pequeña bolsa de tela negra, era donde llevaba sus tacones. Obviamente la había olvidado, pero para mí era como si me hubiera dejado un regalo. Me apresuré a su escritorio y la abrí rápidamente. Entonces todo mejoró: no solo había dejado sus tacones, sino también un par de calcetines usados. Sin dudarlo ni un segundo, los saqué y respiré profundamente el delicioso aroma de esos hermosos pies: primero un calcetín, luego el otro y luego ambos. El aroma me embriagaba y me ...
... volvía loco, era delicioso. Ese aroma a sudor de mujer hermosa, indescriptible y adictivo me estaba provocando una erección que casi me rompe el pantalón. De inmediato olí también los tacones, que estaban un poquito húmedos aún, pues recién esta belleza se los había quitado, así que aproveché y me apresuré a lamer el interior de estos, recogiendo con mi lengua ese delicioso sabor a pies de mujer que tanto me encanta. Recién empezaba con esto; fueron un par de minutos que disfruté como horas cuando escuché una voz que me sacó de mi trance: —¿Qué estás haciendo con mis tacones? La sangre se me congeló, me detuve en seco, abrí mis ojos como platos y me quedé paralizado por un segundo. Lentamente giré mi silla y ahí estaba Melanie, mirándome fijamente con una expresión de confusión en su cara y yo con la vergüenza más grande de mi vida. Aún con sus tacones y sus calcetines en mis manos, solo atiné a decir: —No es lo que crees, yo solo… Ammm. —¿No es lo que creo? —dijo Melanie levantando una ceja y cruzándose de brazos. —No, es solo que yo… —dije titubeando— no lo sé, estaba… No, no sé qué estoy haciendo yo… Melanie se comenzó a acercar y se sentó sobre su escritorio, justo frente a mí, con una mirada desafiante. Yo solo pude callarme y tragar saliva. —¿Entonces no es lo que creo? —me dijo como si estuviera a punto de soltar mi carrera por un precipicio. —No… Yo solo… —Shht… Te diré qué es lo que creo —me dijo con un tono más calmado— creo que eres ...