1. 🔥 Sudor, Hormonas... y Marcos (3)


    Fecha: 28/02/2026, Categorías: Gays Autor: internauta, Fuente: TodoRelatos

    ... mirarle a los ojos. Acato. Me acerco, aspirando ese aroma ácido, varonil, salvaje. Casi me mareo, pero me entra un cosquilleo eléctrico en la polla que me hace estremecerme.
    
    —¡Más cerca! —dice Diego, poniéndome la mano en la nuca.
    
    Me empuja contra su paquete. El calor me abrasa la cara. Casi siento el pulso de su polla al otro lado de la tela.
    
    —Mírame, maricón —me ordena.
    
    Alzo la vista. Diego me escupe en la frente. Un hilo caliente que me resbala hacia la ceja. Se ríe, asqueroso.
    
    —Vas a aprender lo que es obedecer —dice con odio—. Aquí, el maricón eres tú, y yo decido lo que haces.
    
    Raúl se acerca y me da una colleja, como si me adiestrara.
    
    —Tú mira bien, payaso —le dice Raúl a Diego—. El maricón está a puntito de correrse oliendo tus huevos, tronco.
    
    Samuel asiente, carcajeándose.
    
    —¿Ves cómo le va la marcha? Si hasta le tiembla la polla —añade señalándome la entrepierna.
    
    Me tapo instintivamente, muerto de vergüenza.
    
    Diego niega con la cabeza con superioridad.
    
    —Quítate las manos de ahí —me ordena—. Aquí no tapas nada, princesita. Enséñanos si te pones duro o no con mi olor.
    
    Me quedo bloqueado. Siento la cara arder. Lentamente aparto la mano. Y sí, tengo la polla medio tiesa, traicionera, palpitante.
    
    —Joder, qué asco, tío —dice Samuel, divertido—. Este maricón se nos va a correr sólo de oler tus huevos, Diego.
    
    Diego sonríe, encantado de la humillación.
    
    —A ver, abre la boca —me manda.
    
    Niego un segundo. Me tiembla todo.
    
    —He ...
    ... dicho que abras la puta boca, zorra.
    
    No me atrevo a desobedecer. Abro.
    
    Diego me mira con asco y placer a la vez, y sin dudarlo me escupe dentro, un escupitajo denso, caliente, que me golpea la lengua. Casi me dan arcadas, pero me aguanto.
    
    —Trágatelo —ordena, despacio.
    
    Obedezco, tragando ese asco, con la cara roja de vergüenza.
    
    Los otros dos aplauden, muertos de risa.
    
    —¡Eso, tragátelo! —grita Raúl—. Como buena zorra.
    
    Siento que me quiebro por dentro. Una parte de mí quiere gritar, largarse, saltar por la ventana. Otra parte está hirviendo de morbo, latiendo en las venas. Me da miedo, pero también me engancha.
    
    Diego me agarra la barbilla y me levanta la cara, mirándome muy serio.
    
    —Aquí o entras al puto juego, o no vuelvas más —me suelta, cortante—. Si no aguantas esto, lárgate. No quiero princesitas blandas cerca de mis tíos.
    
    Mi respiración se desboca. El corazón me explota en el pecho. Diego no me aparta la mirada, esperando mi respuesta, mientras Raúl y Samuel me rodean como hienas, con esa excitación salvaje en la cara.
    
    No sé qué contestar. Estoy en un precipicio.
    
    —Trágatelo —ordena, despacio.
    
    Obedezco, tragando ese asco, con la cara roja de vergüenza.
    
    Los otros dos aplauden, muertos de risa.
    
    —¡Eso, tragátelo! —grita Raúl—. Como buena zorra.
    
    Siento que me quiebro por dentro. Una parte de mí quiere gritar, largarse, saltar por la ventana. Otra parte está hirviendo de morbo, latiendo en las venas. Me da miedo, pero también me ...