1. Promoción del 93. Capítulo 35


    Fecha: 01/03/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos

    La puerta se cerró con un clic suave a su espalda. Félix se quitó los zapatos en la entrada, los dejó con cierta desgana junto al paragüero y avanzó por el pasillo oscuro de su piso, apenas iluminado por la luz tenue de una farola que entraba por la ventana del salón.
    
    Encendió una lámpara auxiliar. La luz cálida recortó las sombras de los muebles, el sillón de siempre, la mesa con un par de sobres abiertos sin leer, y ese libro que llevaba semanas sin tocar. Todo estaba como lo había dejado. Todo estaba en calma. Pero no en paz.
    
    Se sirvió un vaso de agua y se sentó en el sofá, sin encender la televisión. Ni siquiera se molestó en poner música. Dejó el móvil sobre la mesa sin mirarlo. No esperaba mensajes de nadie.
    
    Sonia había sido generosa. Le había regalado una noche amable, una conversación sin doble fondo, una presencia sincera. Y sin embargo, al volver a casa, lo único que sentía era ese cosquilleo interior, mitad culpa, mitad vacío, como si hubiera traicionado una lealtad invisible. A Aurora, quizá a Marisa también. A sí mismo.
    
    “Gracias por venir. No todo tiene que doler.” Las palabras de Sonia resonaban todavía en su cabeza. Qué manera tan limpia de resumir algo tan complejo. Porque Félix sentía que llevaba años abrazado al dolor. El de Isabel, el de la juventud que no fue, el de la frustración acumulada, el de las cosas que ...
    ... siempre llegaban tarde o mal.
    
    Se recostó en el sofá, con el vaso aún en la mano. Cerró los ojos. La imagen de Aurora vino de inmediato. Aquella noche en su casa, las velas encendidas, su risa cuando algo le salía mal al poner la mesa, la forma en que lo miraba a veces, como si fuera capaz de calmarlo con solo existir. Y Sonia, esta noche, tan distinta. Una ternura más serena, sin esa pasión que quema, pero con una complicidad que también importaba.
    
    “¿Y si me estoy equivocando?”, pensó. “¿Y si la felicidad era eso que me ofrecía Sonia esta noche, tan sencillo, tan sin fisuras? ¿Y si me obsesiono con el pasado porque me da miedo mirar el presente sin excusas?”
    
    Apuró el vaso de agua, se levantó, apagó la luz del salón. Desde la ventana del dormitorio se veían los tejados dormidos del barrio. Un perro ladraba a lo lejos. Algún coche pasaba sin prisa por la avenida.
    
    La ciudad seguía su curso, impasible. Como si a nadie le importara en realidad si uno se sentía solo o acompañado. Si alguien se debatía entre dos nombres. Entre el recuerdo de una piel y el deseo de algo nuevo. Entre una herida antigua y la posibilidad de una paz distinta.
    
    Se metió en la cama y, antes de quedarse dormido, se sorprendió formulando una frase que no sabía si era una esperanza o un lamento:
    
    “Ojalá alguien me elija sin dudas. Ojalá yo pudiera elegir sin dudas”. 
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