1. Tinto de verano


    Fecha: 02/03/2026, Categorías: Relatos Cortos, Autor: Traviesa, Fuente: CuentoRelatos

    El calor agobiante de la mañana dominical en la hacienda familiar de Afrodita era casi tangible, un manto pesado que envolvía cada rincón del lugar. El aire olía a tierra seca, a hierba quemada por el sol, y a ese aroma dulzón de los frutales maduros que rodeaban la casa principal. Afrodita, vestida con un suéter ligero y una falda holgada, trabajaba recogiendo leña bajo la sombra de los árboles, imaginando escenarios prohibidos. Fantaseaba con un hombre libertino, uno lo suficientemente audaz como para tomarla por la fuerza, arrancarle la ropa y devorarla sin remordimientos. No quería solo sexo; anhelaba la perversión, la entrega absoluta a un juego donde las reglas las pusiera él.
    
    Ares, invitado a la fiesta de la noche anterior, la observaba desde la distancia. La casa de huéspedes, separada de la vivienda principal por un sendero bordado de “bougainvillea”, le ofrecía el escondite perfecto para estudiar cada uno de sus movimientos. La vio agacharse, el suéter levantándose por un instante cuando una rama le rozó el seno, revelando la piel dorada por el sol y la ausencia de sostén. Él conocía demasiado bien esa mirada suya, esa tensión en su mandíbula que delataba sus pensamientos lascivos.
    
    Sus ojos se encontraron, y en ese cruce de miradas hubo un pacto tácito.
    
    De la noche anterior había sobrado alcohol, y Afrodita le ofreció un trago con una sonrisa que era pura provocación. Él bebió con avidez, dejando que un hilo del líquido se derramara sobre su pecho, ...
    ... como una invitación. Antes de que ella pudiera reaccionar, la alzó en sus brazos con una fuerza que la hizo contener el aliento. La llevó a una construcción rústica en medio del jardín, rodeada de enredaderas y con un techo translúcido que filtraba la luz del amanecer en rayos dorados.
    
    El interior era pequeño pero encantador: paredes de piedra cubiertas de musgo, macetas con hierbas aromáticas que perfumaban el aire, y una ducha antigua de que brillaba bajo el sol. Afrodita apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando él, aun sosteniéndola como un trofeo sobre su hombro, con gesto de pillo, le levantó la falda. Algo brilló entre sus piernas, a través de una lencería traslucida color piel que apenas cumplía su función. Con un movimiento brusco, él rompió el pantie, haciendo que el elástico le azotara la piel.
    
    —Filho da puta —maldijo ella en portugués, más por el ardor del golpe que por verdadera indignación.
    
    Él la giró hacia el espejo, donde su reflejo mostraba un detalle inesperado: incrustado en ella, un juguete que semejaba una joyería se asomaba entre sus nalgas, brillando como una gema robada. Con un gesto dominante, lo extrajo, lo escupió y tiró en el lavabo dejándolo rodar con desdén.
    
    —¿Что еще ты сппрятиваешь, киса? —preguntó él, mientras sus manos exploraban su cuerpo con una mezcla de crudeza y fascinación.
    
    El aire se espesó con el olor a sexo, a piel caliente y a deseo contenido. Él la nalgueó una y otra vez, marcándola con sus dedos, antes de obligarla a ...
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