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Más amiga mía que de mamá
Fecha: 08/03/2026, Categorías: MicroRelatos, Autor: Lena Hache, Fuente: TodoRelatos
Sonia me despertó con un beso en la frente. Estábamos las dos desnudas. Parecía que ella estaba encantada con la situación. Su actitud seguía yendo contra su pinta de mojigata. Era la chica hetero que menos signos de arrepentimiento mostraba después de haberme probado. - Venga, desperézate y desayuna bien, que me tienes que seguir enseñando cosas. - Me dijo justo antes de darme un tierno pico. La agarré por el brazo lo más rápido que pude para que no se me escapara. ¿Para qué desayunar? Podíamos ir empezando y desayunar más tarde. - Verás. Ayer, antes de que te quedaras sopa, me hubiese gustado frotar mi coño contra el tuyo. Es una manía que tengo. Que se hagan amigos. - ¡Ay! Sí. Alguna vez lo he visto en un vídeo y disfrutan mucho. - No te emociones, que esos vídeos están pensados para hombres. A mí me encanta tijeretear, pero no es muy normal que a una chica le guste hacerlo. La mirada que me lanzó Sonia indicaba que no quería que mis palabras le aguasen la fiesta. Yo accedí encantada y, sin mediar ninguna palabra más, me abrí de piernas para que ella se sentara encima de mí. - ¿Así está bien? - Me ...
... preguntaba con su voz dulce que forzaba ligeramente para que fuese ñoña mientras daba saltitos encima de mí. - A mí me gusta más que se froten y no que choquen, pero me está gustando mucho. Tal vez por ser tú. Ella me sonrió y pasó de chocar su coño contra el mío a frotarlos. Yo quise comerle las tetas a la vez, pero nuestras posturas me lo impedían. Nuestros fluidos vaginales lubricaban la acción y yo metí mi mano por ahí en medio para empaparla. Luego la saboreé en mi boca y después la metí en la boca de Sonia. Aquello la puso a tope y se empezó a mover a lo bestia. El coño me ardía y me escocía. Me corrí al sentir su jugo deslizarse por mi ingle y mi vientre hasta llegar a mi ombligo para después caer al colchón, mojando mi espalda. Mis gemidos orgásmicos provocaron que ella parara. - No pares. Sigue hasta que te corras tú también. - Le pedí. Siguió contoneándose mientras mis manos sostenían sus caderas. Se corrió de una manera que ninguna otra chica lo había hecho conmigo. Sentirla caer sobre mi pecho y con sus últimas fuerzas lamerme un pezón fue la guinda de el primero de los varios polvos de aquella mañana.
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