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Pequeños detalles…
Fecha: 10/03/2026, Categorías: Masturbación Transexuales Voyerismo Autor: danielasolatrans, Fuente: SexoSinTabues30
Después de esa primera cogida, nos quedamos sentados en el suelo, entre las hojas secas, jadeando y riéndonos. Mi tanguita estaba tirada a un lado, mi culito goteando leche, y la falda apenas cubriendo mis piernas. Marco me miraba con ojos de lujuria, acariciándome las medias. «Eres una puta increíble, nena», dijo, y empezamos a hablar cosas calientes. «Me encanta cómo gritas cuando te cojo», me dijo, y yo, con voz de nena traviesa, le respondí: «Es que tu verga, aunque chiquita, me vuelve loca, papi». Le conté cómo me ponía imaginar que alguien nos viera, y él confesó que le calentaba la idea de follarme en público, aunque su micropene lo hacía inseguro. «Si supieras lo rico que me das, no te preocuparías», le dije, tocándole el bulto por encima de los jeans, sintiendo que ya estaba duro otra vez. Las palabras subieron de tono, y las ganas nos volvieron a ganar. «Te quiero coger otra vez, zorrita», dijo, y me puso de rodillas en el suelo, mi culo en alto, la falda levantada. Me escupió en el ano, un salivazo caliente que me resbaló, y metió su micropene de un empujón, follándome rápido mientras yo gritaba como puta: «¡Sí, papi, rómpeme!». Sus caderas golpeaban mis nalgas, sus bolas peludas chocando contra mí, y yo gemía sin control, mi pene duro goteando en la tierra. Estaba tan perdida en el placer que no me di cuenta de que teníamos compañía. Un ruido entre los arbustos me hizo mirar, pero Marco no paró. Ahí estaban: tres chicos, de unos 20 años, escondidos a unos ...
... metros, mirándonos con ojos hambrientos. Eran del barrio, con camisetas sueltas, jeans rotos y ese aire de pandilla callejera. Uno era alto y flaco, con tatuajes en los brazos; otro más bajo, moreno y musculoso; y el tercero, con gorra, tenía una sonrisa de pervertido. Marco los vio y se congeló, su verga todavía dentro de mí. «Mierda», murmuró, y antes de que pudiera decir algo, salió corriendo, subiéndose los jeans con la cara roja de vergüenza. «¡Marco, espera!», grité, pero ya se había perdido entre los arbustos. Quedé ahí, de rodillas, el culo al aire, la leche de Marco goteándome por las nalgas, mi tanguita rota en el suelo y los tres chicos acercándose. «Vaya zorrita», dijo el tatuado, riéndose, mientras los otros se paraban frente a mí. Yo, todavía cachonda y sin un gramo de vergüenza, los miré como nena puta y dije: «Si quieren, pueden seguir donde él dejó». No hizo falta más. El moreno se bajó los jeans, sacando una verga gruesa de unos 15 cm, y me la metió en la boca sin avisar. «Chupa, puta», gruñó, y yo la lamí con ganas, saboreando el sudor mientras el tatuado se arrodilló atrás, escupiéndome el culo y metiéndome dos dedos para abrirme más. «Qué culo lleno de leche», dijo el de la gorra, pajeándose mientras miraba. El moreno me follaba la boca, sus manos agarrándome el pelo, y el tatuado me la metió en el culo, una verga larga y delgada que se deslizó fácil por la leche de Marco. «Toma, zorrita, te vamos a romper», dijo, embistiéndome duro mientras yo gemía ...