1. La super mami 2


    Fecha: 17/03/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Alonso torre, Fuente: TodoRelatos

    ... trazando líneas perezosas sobre su piel. Él la mira, con una paz que nunca había sentido, y murmura:
    
    —Eres mi musa, Sandra. Siempre lo serás.
    
    Ella levanta la vista, sus ojos brillando con una mezcla de ternura y picardía.
    
    —Y tú, Mati, eres más que un poeta —responde, besándolo suavemente, un beso que sella la noche como un secreto compartido.
    
    El mundo afuera sigue girando, pero en esa recámara, en esa cama, la noche ha cambiado algo para siempre. No es solo pasión; es un vínculo que ninguno de los dos entiende del todo, pero que ambos saben que no pueden ignorar. La playa, la fiesta, el bikini rojo, los poemas de Matías: todo los llevó a este momento, un instante de amor que resuena como las olas contra la orilla.
    
    El cielo se incendia con los primeros rayos del sol, un espectáculo de rosas, naranjas y dorados que parece pintado solo para nosotros. Sofía y yo estamos acurrucados en las mantas junto a la fogata ya apagada, con su cámara capturando cada segundo del amanecer. El mar está tranquilo, susurrando como si supiera que la noche fue épica. En un momento, mientras el sol asoma por el horizonte, Sofía me mira, sus ojos brillando con la luz del alba, y sin decir nada, nos besamos. Es suave, cálido, como si el amanecer mismo nos hubiera empujado. Nos quedamos dormidos, abrazados, por el cansancio que nos vence.
    
    En la casa, el silencio reina. Las camas han dejado de crujir hace horas, y el caos de la fiesta parece un sueño lejano. Pero el reloj no miente: ...
    ... son las 12 del mediodía, y tenemos que entregar la casa a las 13:00. Sofía y yo nos miramos, conscientes del desastre que nos espera adentro.
    
    —¡En chinga, Cris, hay que limpiar! —exclama Sofía, saltando de la manta con una energía que no sé de dónde saca.
    
    Entramos a la casa como un equipo de limpieza de emergencia. Barremos vasos de plástico, recogemos platos con restos de ceviche, y guardamos lo que queda del pastel en una caja. La terraza, que anoche era una pista de baile, ahora parece un campo de batalla, pero entre risas y codazos, logramos dejarla decente. Cuando terminamos, sudados y jadeando, nos damos cuenta de que necesitamos una ducha urgentemente. La casa solo tiene una regadera, en la recámara principal, así que nos dirigimos ahí.
    
    Al abrir la puerta, Sofía suelta una carcajada que no puede contener, y yo me quedo con la boca abierta, incrédulo. En la cama, mi mamá, Sandra, y Matías duermen profundamente, abrazados bajo una sábana arrugada. El bikini azul de mi mamá está tirado en una esquina, y las gafas de Matías descansan torcidas sobre la mesita. Sofía, sin perder el tiempo, me da un codazo.
    
    —Esto es material para chantaje eterno —susurra, riendo, pero no saca la cámara por respeto.—Ni lo menciones —respondo, todavía procesando la escena.
    
    Sofía se mete a la regadera primero, riendo sin parar mientras el agua corre. Sale envuelta en una toalla, con el cabello goteando, y me cede el turno. Me ducho rápido, sintiendo el agua fría como un shock que me ...
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