1. El amigo tragón me regresa la visita


    Fecha: 19/03/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Gays Autor: beachboy, Fuente: SexoSinTabues30

    Un año después, ya vivía en otra ciudad, con río, humedad pegada al cuerpo y ese ritmo lento de los lugares donde todo parece más simple. Todo estaba en calma… hasta que un mensaje detonó la memoria:
    
    “Voy a tu ciudad unos días. ¿Tienes dónde me quede?”
    
    Era él.
    
    El «amigo» de mi compañero. El de la mamada voraz y el culo caliente que aún recordaba con el cuerpo entero. Esa noche en la capital había quedado tatuada en mi lengua, en mis huevos, en mi puta cabeza.
    
    Le respondí como quien intenta disimular que acaba de empalmarse: “Claro. Aquí tienes cama… y tequila.”
    
    Salimos a cenar. El calor de la ciudad lo hacía sudar apenas, y esa camisa, pegada a su pecho, marcaba los pezones duros, el abdomen firme. Me daban ganas de lamerle la línea de sudor desde el cuello hasta el ombligo. Mientras hablábamos, no podía dejar de imaginar cómo se vería otra vez de rodillas, tragándose mi verga sin pena.
    
    Después fuimos a un bar cerca del malecón. Música viva, cuerpos sudados bailando sin vergüenza, copas que se llenaban solas. Coqueteamos con un par de locales, nos reímos, tocamos por debajo de la mesa. Pero entre nosotros el fuego era otro. Las miradas duraban más de lo necesario. Las rodillas se rozaban como queriendo empezar la guerra. Y cuando me hablaba al oído, sentía su aliento en la nuca y su verga dura rozándome el muslo por debajo de la mesa.
    
    Al volver a casa, entre risas falsas y excusas idiotas, cerré la puerta. El silencio fue inmediato. Lo sentí acercarse ...
    ... por detrás. Me puso una mano en el pecho. Me apretó. Me miró con esa seriedad que solo se tiene cuando ya estás ardiendo por dentro.
    
    Me besó sin permiso, con lengua, con recuerdos, con rabia. Me empujó al sillón, me abrió el pantalón sin ceremonia, me sacó la verga y se la metió directo a la boca como si la hubiera estado esperando desde aquella vez.
    
    Y sí… me la mamó igual que antes: lento, profundo, caliente, entregado.
    
    El ritmo era perfecto. Su lengua recorría todo el tronco mientras sus labios apretaban justo donde más se siente. Me miraba desde abajo, con la boca llena de verga, y gemía suave. —Así, cabrón. No pares —le dije, tomándolo del cabello, marcándole el ritmo con mis caderas.
    
    Cuando me tocó devolverle el favor, lo hice sin apuro. Lo besé desde la boca hasta las ingles, pasando por cada curva, cada suspiro. Le mordí el abdomen, le lamí las bolas, le metí la lengua entre el culo hasta que tembló. Estaba húmedo, caliente, listo para ser cogido.
    
    Se montó encima de mí en el sillón, se sentó en mi verga con un gemido largo, roto. Lo sentí abrirse, apretarme, hundirse hasta el fondo.
    
    —Eso… así… métemela toda —me dijo, agarrándose fuerte de mis hombros.
    
    Lo cogí lento al principio, sintiendo cada centímetro, cada contracción de su culo tragándose mi verga. Luego más fuerte, hasta hacerlo rebotar encima de mí, jadeando, gimiendo con la boca abierta, pidiéndome que no me detuviera. Lo hice acabar así, con la verga sin tocarse, gritando mi nombre.
    
    Pero ...
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