-
EsposasPerfectas.com - 6
Fecha: 22/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: maria sol, Fuente: TodoRelatos
... anillos provisionales para que ella visualizara "lo que vendría". El cabello, lavado con un champú de perfume floral profundo, fue secado lentamente, mechón por mechón, hasta adquirir un brillo líquido. Después, los vestidos. Ella no escogía; simplemente obedecía las indicaciones suaves pero firmes de la asesora. El primero era de seda negra, ajustado como un guante; el segundo, de satén color champán, con un escote en forma de lágrima; el tercero, un vestido azul medianoche que caía como agua sobre su piel con finos destellos de cristales swarovski dispersos en la tela. Ése fue el elegido. Las joyas estaban dispuestas sobre terciopelo negro: un collar de diamantes que se curvaba como una sonrisa, un brazalete de oro blanco con incrustaciones de zafiros, pendientes largos que atrapaban la luz en cada movimiento. —Él ha pedido que lleve estos —dijo la asesora, colocándole los pendientes con precisión quirúrgica—. El azul realza el brillo de tus ojos. El abrigo llegó último: algo inesperado para ella, piel de zorro, blanco como la nube más pura del cielo, que contrasta con su vestido exquisito tan oscuro como la noche más oscura y diáfana, que no hace más que resaltar las estrellas plateadas que de forma fugaz han caído del cielo para incrustarse en la hermosa tela, mientras el abrigo tan suave, parece disolver el frío, tan solo con mirarlo. Se lo colocan frente a un gran espejo sobre sus hombros, con un cuidado casi ceremonial y un delicadeza que jamas ...
... olvidará ella, al ver cada movimiento realizado por sus asistentes es preciso y meticuloso. A las 19:50, la limusina esperaba. La ciudad se desplegaba bajo un cielo oscuro salpicado de luces, los charcos en el asfalto devolviendo reflejos dorados. El restaurante estaba oculto tras una puerta de hierro forjado, sin cartel, sin ostentación. Dentro, todo era penumbra y terciopelo, mesas separadas por biombos de madera tallada. Él estaba de pie, esperándola. El traje oscuro le dibujaba una silueta impecable. Su mirada la recorrió lentamente, como si la estuviera leyendo, no viendo. —María —dijo, su voz grave acariciando su nombre. La condujo hasta la mesa. Ella apenas tocó los entrantes; no por falta de apetito, sino porque cada palabra de él tenía un peso exacto, como una piedra colocada con intención. No habló de sí mismo. Habló deellos.De cómo se imaginaba sus mañanas juntos, de las rutinas que esperaba de su esposa, de cómo su hogar debía ser un lugar de orden y belleza. Le preguntó qué tan dispuesta estaba a dejar atrás su vida, a adaptarse, a aprender "lo que una verdadera esposa debe saber". Ella sonrió, pero sentía que cada frase era un hilo invisible que la ataba. —Quiero... intentarlo —dijo al fin, consciente de que la palabra "quiero" no le pertenecía del todo. Él asintió lentamente. —Mañana, mientras tomas tu desayuno, sabrás mi decisión. Y si es un sí... —hizo una pausa, dejando que el silencio llenara el hueco—, tu vida cambiará para ...