1. Conversando con Nina. Día 3. Por ahí sí


    Fecha: 24/03/2026, Categorías: Confesiones Autor: ConNina, Fuente: CuentoRelatos

    ... creció aún más de lo que ya había crecido. Intenté metérmela toda. Imposible. Con sólo la mitad ya me llegaba hasta la garganta y me tensaba la comisura de los labios.
    
    Se la chupé con todas mis ganas mientras le acariciaba los huevos con las dos manos. Paré en cuanto sentí que ya salían unas gotitas de la punta. Había venido a otra cosa. Me incorporé.
    
    -Tengo novio -le dije. (Tranquilo no era por ti).- Le he dejado entreteniéndose con unas de mis bragas. Sucias, claro.
    
    Al tipo se le volvieron a poner los ojos como platos.
    
    -No me vas a dejar así -me dijo.
    
    -No puedo follar por el coño, quiero serle fiel. Pero con el culo no tenemos ningún pacto. Puedo ofrecérselo a quién quiera.
    
    No respondió. Se incorporó y se bajó los pantalones. Yo me puse a cuatro patas encima del sillón, con mi pecho muy inclinado. Quería estar lo más abierta posible. Su polla era enorme.
    
    -Tengo crema en la habitación.
    
    -Tranquilo, vengo muy bien lubricada de casa.
    
    A la punta le costó entrar. Y la primera mitad no me dolió.
    
    -¿Cuánto queda?
    
    -Un trocito.
    
    -¿La otra mitad?
    
    -Sí, más o menos.
    
    -Métela entera de una vez.
    
    Chillé, una mezcla de placer y dolor, más placer que dolor. Entró entera.
    
    -Fóllame, fóllame el culo.
    
    Y el tipo empezó a bombear y a bombear. El dolor desapareció. Me sentía llena. Feliz. Mi culo era capaz de hospedar esa enorme polla.
    
    -Métela toda, hasta los huevos.
    
    Y empujó y empujó hasta casi aplastarme contra el sofá.
    
    -Ahora quiero que así, dentro, no te muevas, solo empujes hasta que te corras.
    
    Y volvió a obedecer. Se corrió dentro. Su lefa creo que me llegó hasta la garganta. ¡Qué placer!
    
    La sacó. Se tumbó. Me tumbé a su lado. Fue a besarme.
    
    -No puedo, recuerda que tengo novio.
    
    Cuando estabilicé mi respiración, me vestí, saludé con la mano y salí de su casa.
    
    No sé qué harías con esas bragas sucias que te dejé en la mesa del comedor, pero estas que llevo ahora te las voy a envolver en papel de regalo.
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