1. El juego que nunca terminó.


    Fecha: 27/03/2026, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... suave, profundo, húmedo. Me miraba de vez en cuando, como esperando ver mi reacción. Y la tenía: yo estaba tenso, respirando agitado, luchando por no gemir fuerte.
    
    Era buena. Muy buena. Se tomaba su tiempo, jugaba con el ritmo, con la presión. Me tenía al borde sin prisa. No quería que terminara. Pero tampoco podía aguantar tanto.
    
    Ella se detuvo un momento, se quitó la blusa, y sin más, se subió sobre mí. Tomó mi erección con una mano y, mirándome a los ojos, fue dejándose caer poco a poco, hasta tenerme entero dentro.
    
    Suspiramos al mismo tiempo.
    
    —Qué duro… —susurró, moviéndose lento.
    
    Sus caderas marcaban el ritmo. Ponía las manos en mi pecho, cerraba los ojos, y yo la veía moverse, con su cuerpo vibrando de placer. Le agarré los pechos. Eran suaves, grandes, temblaban con cada vaivén. Me guió las manos hasta ellos, me pidió que los apretara más fuerte. Lo hice.
    
    Ella se inclinó y me besó. Lento. Cálido. Se mordía los labios entre jadeos. Yo ya no aguantaba.
    
    —Voy a… —alcancé a ...
    ... decir.
    
    Pero ella solo dijo: —Hazlo. Adentro.
    
    Y entonces… se escuchó la puerta de la casa.
    
    Nos congelamos.
    
    —¡Tu hermana! —dijo ella, saltando de la cama.
    
    Se subió el pantalón como pudo, se acomodó la camiseta, me lanzó una mirada divertida y, antes de salir, se agachó, lo besó y me acomodó el short.
    
    —Más tarde terminamos, ¿va?
    
    Y se fue. Me dejó con una erección dolorosa, el cuerpo en llamas… y la mente perdida.
    
    Esa noche no volvió. Y al día siguiente, cuando ya se iba, solo me dio un beso en la frente y me dijo:
    
    —Luego terminamos el juego.
    
    Hoy que la volví a ver, después de años, igual de buena pero ya grande, se me vinieron todas esas escenas como si hubieran pasado ayer. La saludé, la abracé, y mientras lo hacía, le susurré:
    
    —Sigo esperando terminar el juego.
    
    Ella soltó una carcajada. —¡No recordaba eso! Te lo debo, ¿verdad?
    
    —Sí… y lo peor es que aún no lo supero.
    
    Me guiñó el ojo y quedó de llamarme.
    
    Pero con la experiencia anterior… mejor no me ilusiono. 
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