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Promoción del 93. Capítulo 55
Fecha: 05/04/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos
—Están a punto de llegar —dijo Marisa desde el dormitorio, mientras se daba los últimos retoques frente al espejo—. ¡Qué nervios! —¿Por mí o por ellas? —bromeó Félix, ajustándose el cuello de la camisa. —Por todos —rió—. Son como hermanas, y no les presento a cualquiera, llevo casi dos años sin verlas. La reunión era en su casa, un encuentro informal, con picoteo y risas garantizadas. Tocaron al timbre y Marisa fue a abrir con una sonrisa enorme. —¡Ay, por favor, qué barrigota! —exclamó Estefanía, lanzándose a abrazarla sin reparos—. ¡Estás guapísima! —Te juro que no me creo que vayas a ser madre —añadió Teresa, emocionada—. Si hace nada estabas ligando con aquel camarero portugués... Marisa reía, abrazándolas una y otra vez. Tras ellas entraron sus parejas, y un grupo de amigos más, de esos que van quedando en la vida aunque uno cambie de ciudad. Uno de ellos, Sergio, el típico alma de fiesta con verbo fácil y sonrisa pícara, no tardó en señalar a Félix con fingida solemnidad. —¿Este es el afortunado? ¿El asaltacunas de Albacete? Todos rieron, menos Félix, que esbozó una sonrisa tensa. —Sergio… —dijo Marisa con una mirada que mezclaba reproche y cariño—. No empieces, encima di ese tipo de cosas a mi chico, con lo que me costó convencerle. —Es broma, hombre. A mí me gusta el tipo. Tiene cara de buena gente. —Más que tú a los treinta, sin duda —añadió Estefanía entre carcajadas. —Venid –pidió Marisa a sus amigas—, os enseño el dormitorio ...
... que hemos preparado para Eva. A medida que avanzaba la tarde, el hielo se fue derritiendo. Félix, aunque al principio se sintió algo fuera de lugar, encontró en Estefanía y Teresa dos aliadas inesperadas. Ambas parecían verdaderamente felices por su amiga. —La hemos visto llorar por idiotas que no merecían ni sus pestañas —dijo Teresa en voz baja, sentada junto a Félix mientras Marisa servía algo en la cocina—. Y tú… no sé, tienes esa cosa de “hombre bueno” que nos tranquiliza. —Lo es —añadió Estefanía, más efusiva—. Pero si algún día no lo es, te juro que le arrancamos el cuero cabelludo. —¿Conserváis esa costumbre en Madrid? —ironizó Félix, logrando que ambas rieran. Después, entre copas de vino sin alcohol y bandejas de tortilla y empanadas, los recuerdos se adueñaron del salón: anécdotas del colegio, de los años de universidad en Madrid, de los novios fugaces, de las noches infinitas por Malasaña y Lavapiés. Félix miraba a Marisa como si la viera en otro tiempo, en otro escenario. Le conmovía imaginarla así, rodeada de amigos, más joven, quizás menos herida. Se sintió agradecido por poder entrar, aunque tarde, en esa parte de su mundo. Ya al final de la noche, mientras Estefanía se colocaba la bufanda antes de marcharse, se acercó a Félix. —Ahora en serio —le dijo, mirándolo a los ojos—. Marisa es como una hermana para mí. Es la alegría del grupo, el pegamento. Si alguna vez la haces sufrir, no tendré clemencia. —No tengo intención de hacerlo ...