-
El felino y la curiosidad
Fecha: 07/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: pluma211, Fuente: CuentoRelatos
... olvidaste? Preguntó el gato leyendo un listado. –Mi marido se fue a jugar un partido… capaz usted quiera jugar otro. Sugerí bajando la mirada. Faltaban unos minutos para las dos de la tarde cuando Cesar volcó a prisa el cartel de cerrado, una cortina azul que sellaba un pasadizo lateral se abrió y engullo su humanidad y la mía tras él. Un catre rudimentario nos esperaba en la penumbra y crujió cuando me tumbe, su sonrisa ensancho el bigote. La cama sonó nuevamente y una mano desconocida y áspera hurgo por debajo de la blusa, crema. Nos besamos desesperadamente, como dos insanos qué acaban de perder la cordura y recorrimos nuestras pieles sudadas de antojo. Sentí los mordiscos medidos en los pezones erizándome las nalgas y las bragas desprendiéndose de mi como la cáscara de una fruta. Sentada en aquellas piernas vigorosas hundí mi mano por su cremallera y noté el pene durísimo luchando por emerger. Hubo un según de sosiego, lo suficiente para escuchar la respiraciones y despojarse de los harapos. Mi entrepierna hervía empapada ...
... cuando me senté en la punta nueva de aquél mástil poderoso y controle la caída lenta de la pelvis contra la masa musculosa. Fue incontrolable, el gato comenzó a envestir desde abajo con firmeza y me vine enseguida, y otra vez. Recordé a mi esposo y me vine una vez más gritando el nombre de Cesar, el crujir del catre se confundió con los gemidos de la mujer casada y las órdenes del felino qué me montaba como quería. Exhausta dormite en su pecho sintiéndome mujer más que nunca y desperté para seguir con aquel calvario divino. El tipo me hizo de todo, lo que pedí y lo que no. Fue glorioso. Tres meses y algo fue en lo que tardo Rubén en darse cuenta que el gato me estaba arañando y fue a reclamarle. Cesar le dijo que no me hizo nada que yo no quisiera, y era verdad. Regrese a vivir con mamá un tiempo, casi cometo el error de regresar con mi ex, estuvimos ahí en la vuelta pero él no podía olvidar y yo tampoco. Finalmente, el gato también se comió a Maritza y a otra docena de mujeres y yo me fui a la capital desde donde escribo esta anécdota.