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Una madrastra insaciable (16)
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... cedo. Estoy demasiado caliente como para compadecerme de ella. No me importa si no quiere. Había aguantado mucho. Ella también debía aguantar. —Pero vos siempre querés hacerlo, ¿no? Ella solo asiente. Puedo ver que lo hace más por resignación que por deseo, pero no me importa. —Entonces chupala —le digo. Y vuelvo a acercarme. Ella se inclina otra vez, prendiéndose de mi verga como si la conociera de años. Retoma el ritmo, quizás con algo más de entrega, aunque sigue habiendo una sombra en su expresión. Pero su boca está ahí, rodeándome, y sus labios se aprietan, y su lengua se mueve sobre el glande con una ternura que me resultaba extraña, pues nunca había visto el acto de hacer un pete como algo que podría ser tierno. Yo sé que hasta hace unos minutos estuvo culeando con Matías. Lo tengo presente como un cuchillo que no termina de hundirse del todo. Pero en este momento, no me importa. No me importa su cansancio. Solo me importa que esté acá, en pelotas, succionándome la pija como la puta que es. Me doy cuenta de que tengo el rostro tenso, la mandíbula apretada, como si estuviera por explotar. Intento relajarme, pero solo lo logro a medias. Es que, en el fondo, sí estoy enojado. Estoy lleno de rabia. Con ella, con Matías, conmigo. Por haber creído que esto podía ser otra cosa. Por haberme permitido sentir algo más que deseo. Y ahora es el deseo el que me sostiene. Casi lo único que me hace sentir vivo. La miro desde arriba. Observo su boca mojada, ...
... abriéndose y cerrándose alrededor de mi pija. Miro cómo su lengua brilla, cómo me acaricia, cómo me sacude de placer. Y hay un segundo en el que no sé si estoy en el cielo o en el infierno, pero sé que quiero quedarme ahí, que no me importa pagar el precio. De repente, llevo la mano a su cabeza, y hundo la pelvis. Me gusta ver mi sexo enterrado en su boca. Me gusta ver cómo se esfuerza por abrir más la boca para poder lidiar con toda mi dureza. Me gustan sus ojos desorbitados. Su lengua trabajando siempre, esmerada en darme placer. Empujo más la pelvis, y vuelvo a empujar. La veo abrir la mandíbula hasta un límite inhumano, la veo mirarme con los ojos llenos de lágrimas. Me doy cuenta de que apenas puede lidiar con mi verga, y aún así se esmera por soportarla. Es que Amarai existe para eso. Amarai es eso. Llego hasta su garganta. Siento el temblor, la contracción de su cuerpo, y a pesar de eso sigo. Esto ya no es una mamada. Me la estoy cogiendo por la boca, y me encanta. Retiro unos centímetros solo para penetrarla de nuevo. Un grueso hilo de baba escapa de su boca, y me parece una imagen perfecta. La agarro del rostro con ambas manos, la sostengo firme, y empiezo a menearme una y otra vez. Ahora sí no caben dudas de que me la estoy cogiendo por la boca. Se siente increíble, no solo por el placer que siento en la verga, sino por el papel que la obligo a ocupar. Casi convertida en un objeto. Ella me golpea el muslo, para avisarme que me detenga. Pero yo no siento ...