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Descubrí que la ex de mi novia tenía rabo. 2/2
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Anal Autor: AnaTrasera, Fuente: TodoRelatos
Desperté con la boca seca, la piel pegajosa y una mano que no era mía acariciándome el muslo. Clara seguía allí, tumbada a mi lado, con su polla descansando flácida entre sus piernas, pero con la misma sonrisa descarada que la noche anterior. —Buenos días, zorrita —murmuró, sin abrir del todo los ojos. —¿Sigues aquí? —pregunté, con la voz ronca. —Claro. Me quedé dormida dentro de ti. ¿No te acuerdas? Me sonrojé, pero sonreí. En realidad, sí me acordaba. Habíamos vuelto a follar en mitad de la noche, medio dormidas, con la piel pegajosa, sin decir una palabra. Solo gemidos, jadeos, y un polvo lento, casi tierno, que terminó con su corrida caliente escurriendo por mi coño. Clara se levantó y saliendo de la habitación sin nada de ropa me dijo: — Voy a por un café a ver si me espabilo un poco, ¿quieres otro? — Sí, por favor, no soy persona hasta que desayuno. Me levanté al baño. Me dolía todo: el cuello, las piernas, el coño. Estaba hinchada, húmeda, sucia… y feliz. Al mirarme al espejo, vi marcas de sus dientes en mi cuello y ojeras profundas, pero también una sonrisa estúpida. Cuando volví al salón, Clara estaba sentada desnuda en el borde del sofá, fumando un porro que no sabía de dónde había sacado. —Tienes un coño adictivo —dijo, echando el humo hacia el techo—. Deberías advertirlo. —Tú tampoco estás mal —contesté, cogiendo el porro de sus dedos y dándole una calada. Nos quedamos un rato en silencio, compartiendo humo, mirándonos con ...
... descaro. Clara, se levantó y se acercó a mí. La polla ya le estaba creciendo otra vez, sin que apenas la tocara. Me la apoyó en el pecho, dura, pesada, vibrante. —¿Te vas a vestir o prefieres que te folle ahí la mesa del comedor? —¿No te cansas nunca? —¿Tú sí? No respondí. Me giró de espaldas, me inclinó sobre la mesa y me dio una cachetada en el culo. Un golpe seco, que me hizo gemir. Luego otro. Y otro. Me estaba marcando, abriendo camino para lo que venía. Sin previo aviso, se agachó, me separó las nalgas y volvió a chuparme. Esta vez con más ansia. Sentí su lengua en mi agujero, húmeda, insistente. Me estaba comiendo el culo como si lo hubiera echado de menos. —No sabía que te gustaba eso —jadeé. —Me encanta. Y a ti también. Mira cómo te mojas. Y tenía razón. Estaba chorreando. Se me escapaba el líquido por los muslos. No sabía si era de la lengua, de la noche anterior o del simple morbo de que me estuviera follando la ex de mi novia en la mesa del comedor. Clara se levantó, me escupió en el agujero y colocó su polla justo en la entrada. No me dio tiempo a pensar. Empujó. Sentí cómo me abría, cómo me invadía el culo centímetro a centímetro. —Relájate, zorrita. Lo estás pidiendo a gritos. Me agarré al borde de la mesa con fuerza. El dolor era intenso, pero también delicioso. Cuando estuvo entera dentro, se quedó quieta, dejándome sentirla. Me llenaba completamente. Luego empezó a moverse, despacio. Era la primera vez que alguien me follaba así, ...