1. El Dominio de Carla y la Noche del Verano


    Fecha: 16/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos

    Soy Carlos, un Guardia Civil de 38 años destinado en un pequeño pueblo de Andalucía, donde el sol quema la piel y el aire lleva el aroma de olivos y jazmín. Mi vida cambió tras el divorcio, cuando mi exmujer se llevó a nuestra hija, Sofía, a Madrid, dejándome con un vacío que ni el trabajo ni las videollamadas nocturnas podían llenar. Pero un caso de contrabando de ropa de lujo despertó algo en mí: Carla. De día, soy el Guardia Civil estricto, con el uniforme impecable y la mirada firme. De noche, Carla toma el control, deslizándose en vestidos de seda, encaje y tacones que resuenan como un latido en mi alma. Con Rocío, mi amante y cómplice, he explorado un mundo de placeres crudos, sin límites, donde Carla es la reina de mi deseo. Pero este verano, todo alcanzó un punto sin retorno.
    
    Rocío y yo nos volvimos inseparables, nuestro sexo una danza salvaje que alimentaba a Carla. Cada noche, me transformaba: pelucas de rizos largos, maquillaje que resaltaba mis ojos, vestidos que abrazaban mi cuerpo y me hacían sentir poderosa, deseada. Rocío me guiaba, sus manos arrancando el encaje mientras me follaba con una intensidad que me dejaba temblando. Pero Carla no era solo una fantasía; se estaba apoderando de mí, reclamando cada rincón de mi vida sexual. Carlos obedecía órdenes de día; Carla las daba de noche.
    
    Con el verano acercándose, Rocío decidió celebrar la temporada con una fiesta en su finca, un lugar aislado rodeado de naranjos. “Va a ser especial, Carla”, me dijo con ...
    ... esa sonrisa que prometía caos. Invitó a un grupo selecto: amigas trans y crossdressers que conocían el arte de la transformación, hombres con miradas hambrientas, y algunas mujeres que, como Rocío, vivían sin reglas. “Déjate llevar, Carla. Esta noche será tuya”, susurró, mientras me ayudaba a ponerme un vestido rojo escarlata, tan ceñido que marcaba cada curva, con un escote que dejaba poco a la imaginación. Mis medias negras de encaje subían por mis muslos, y los tacones altos me hacían caminar con una seguridad que Carlos nunca tuvo. El maquillaje era perfecto: labios carmesí, sombra oscura, pestañas que enmarcaban unos ojos que ardían con deseo.
    
    La finca estaba iluminada por luces tenues, el aire cargado de música, alcohol y un olor a sexo que se sentía desde la entrada. Había unas veinte personas, cuerpos moviéndose entre risas y roces, copas en la mano y miradas que no escondían nada. Rocío me presentó como Carla, y nadie preguntó por Carlos. Las amigas trans y crossdressers, vestidas con una elegancia que desafiaba al mundo, me acogieron como una de las suyas. Los hombres me miraban con un hambre que me hacía sentir poderosa, y las mujeres, con una mezcla de curiosidad y deseo. La noche comenzó con bailes, pero pronto se convirtió en algo más: una orgía interminable, un torbellino de carne y lujuria.
    
    Los cuerpos se entrelazaban en cada rincón de la finca. En un sofá, una trans de cabello platino follaba a un hombre mientras otra crossdresser le lamía los pezones. ...
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