1. Los Besos de Maribel (Continuación de «Jugando con Maribel»)


    Fecha: 18/04/2026, Categorías: Hetero Incesto Masturbación Autor: Afortunadoenelamor, Fuente: SexoSinTabues30

    ... debajo de su camiseta.
    
    Maribel se separó de mí, dio un paso atrás y, cruzando los brazos sobre su vientre, y con aquella risa tan propia de su edad, señaló: «Mis tetas nomás me quieres tocar, parece». Volví a acercarla a mí tomando suavemente sus brazos con los míos y, llevando mis labios a su oído izquierdo, susurré: «Es que me gustan tus tetas». Nuevamente hice el intento, y mi prima se dejó llevar. Besos cortos iban y venían de sus labios a su cuello mientras mi mano iba de un pezón al otro. Sentí sus manos en mis hombros, acariciándome, y, cada vez más caliente y jadeante, le pedí: «Abrí tu boca y usá tu lengua».
    
    Aquel beso fue simplemente embriagador. Nuestras lenguas, danzando cual perfecta pareja de baile, hacían de nuestro deseo uno solo. Su saliva, al mezclarse con la mía, anticipaba un intercambio de fluidos que, propios del sexo en su mayor expresión, habría de realizarse poco tiempo después. Intuyéndolo, mi mano derecha había bajado a zus nalgas, acariciándolas y atrayendo su sexo ...
    ... al mío.
    
    Tomando mi rostro con ambas manos, Maribel, separó momentáneamente nuestros labios para decirme: «Bien nomás habías sabido besar. Del uno al diez, diez te doy. Tras decir aquello, volvió a abrir la boca y nuevamente llevó su lengua a la mía. Motivado por sus palabras, llevé mi mano izquierda de sus senos a su sexo, pero justo cuando intenté masturbarla, mi prima se separó de mí.
    
    «Esperá. Si quieres, hacemos eso, pero vamos a mi ropero», fue lo que me dijo, con una sonrisa juguetona, tras sentarse en la cama. Desesperado, me acerqué a ella y le rogué: «Aquí». Con una voz que abusaba de ternura, respondió: «Es que me da vergüenza. Si es en el ropero, ahí sí me voy a dejar». Acepté, y tomando uno de sus brazos, traté de llevarla, pero ella solo dijo: «Andá vos primero». Sin decírle nada más, me dí la vuelta y, lentamente, caminé hasta llegar a aquel mueble que, tal y como sucediera tres o cuatro días atrás, volvería a convertirse esa misma noche en el escenario de otro encuentro sexual. 
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