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Parte 3 la casa abandonada
Fecha: 19/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: nonoyrocio, Fuente: TodoRelatos
—¿Te apetece dar una vuelta por las dunas? —me preguntó María, con una mirada cómplice, como si ya supiera la respuesta. Asentí sin pensarlo. Recogimos nuestras cosas, guardamos las toallas y las botellas de agua, y caminamos desnudos entre las dunas doradas. El sol empezaba a bajar, alargando las sombras sobre la arena. Mientras andábamos, la conversación se volvió más íntima, más directa. —¿Y tú qué buscás por aquí? —me preguntó ella, girándose con una sonrisa pícara. —Nada en particular… Vine a descansar. No sabía que pasaban este tipo de cosas en la cala —respondí, sincero, pero con la sangre ya acelerada. María se rió suave, me tomó de la mano, y sin soltarme, me guió entre los arbustos hasta una pequeña construcción de piedra medio derruida, olvidada entre la maleza. Una vieja casa abandonada, con el techo roto, pero sombra, intimidad y un suelo de tierra firme. —Entonces dejá que te enseñe lo que se hace aquí… Me empujó suavemente hacia dentro. El calor del ambiente se volvió ...
... insoportable, espeso. Me hizo arrodillarme frente a ella. No dijo nada más. Se acercó y, sin previo aviso, me introdujo su rabo semi erecto en la boca. El sabor salado, el calor, la piel suave pero firme… fue inmediato. Yo abrí bien la boca, dejándome llevar. María soltó un suspiro profundo. —Así me gusta, Robert… qué tío más fuerte y varonil… qué guapo con mi polla en la boca… —susurró con una voz ronca, excitada. Su rabo empezó a crecer dentro de mí, palpitando, volviéndose más duro y más grueso a cada movimiento de mis labios. Me agarró del pelo y marcó el ritmo, suave al principio, luego más decidido. Su cuerpo olía a sol, a deseo contenido, a verano salvaje. —Eso es… cométela toda… qué morbo me estás dando, Robert… mirá cómo te la tragás… Yo gemía ahogado, con la boca llena. Mis manos acariciaban sus muslos, y su pelvis se movía con ritmo firme, buscando hundirse más, marcar su poder. Su voz me calentaba más que todo. Cada palabra suya bajaba directo al centro de mi cuerpo. Continuará mas
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