1. Me violan por dinero


    Fecha: 21/04/2026, Categorías: No Consentido Autor: nacho95mc, Fuente: TodoRelatos

    ... hora más. Y ahora te vas a acordar de mí.
    
    De un empujón lento, comenzó a entrar. Javier gritó desgarrado, sus manos tensándose contra las correas.
    
    —¡Aaaaaghhh! ¡Me parte! ¡No, no, no!
    
    Marcus y Dwayne sujetaron sus hombros, aplastándolo contra el potro para que no se moviera.
    
    —Tranquilo, pijo —susurró Marcus—. Cuanto más grites, mejor suena en cámara.
    
    Kofi avanzó más profundo, empujando centímetro a centímetro hasta hundirse casi entero. Javier lloraba sin control, con la saliva cayéndole por la boca, su voz rota en un gemido continuo.
    
    —¡Me rompe! ¡Me rompe!
    
    Pero debajo de él, su polla goteaba de nuevo, palpitante, incapaz de esconder la excitación. Dwayne lo señaló con burla.
    
    —Míralo, llorando como un niño… y su polla quiere más.
    
    Kofi empezó a moverse, lento al principio, luego más rápido, con un ritmo que hacía crujir todo el banco. Cada embestida arrancaba un gemido que ya no sonaba a puro dolor, sino a esa mezcla indecente que Javier intentaba negar: llanto y placer.
    
    Kofi gruñó en su oído:
    
    —Ya no eres el pijo rico que entró por esa puerta. Eres nuestro.
    
    El cronómetro marcaba: 0:26:18.
    
    Faltaba poco más de veinticinco minutos, y Javier ya estaba completamente rendido, con Kofi hundiéndose en él mientras los otros lo sujetaban
    
    y se reían de su resistencia quebrada.
    
    📖 Capítulo 24 – La rendición absoluta
    
    El cronómetro marcaba: 0:12:04.
    
    Javier estaba destruido: dos corridas forzadas, el cuerpo temblando, la garganta ardiendo, ...
    ... el culo aún abierto por la brutalidad de Kofi. Las lágrimas ya no dejaban de caer; era un sollozo constante, mezclado con gemidos húmedos.
    
    De pronto, Marcus levantó la mano.
    
    —Parad un momento. Vamos a darle un “premio” al pijo.
    
    Kofi se retiró despacio, dejando que Javier soltara un gemido de alivio. Los tres se movieron alrededor de él. Una asistente entró y soltó las correas del potro. Javier notó cómo sus muñecas y tobillos quedaban libres. Pero antes de pensar en huir, Marcus lo agarró del pelo.
    
    —De pie, pijo. La cámara quiere verte completo.
    
    Temblando, Javier se levantó. El pasamontañas seguía en su rostro, empapado. Su cuerpo brillaba de sudor. Y su polla, de diecinueve centímetros, estaba dura de nuevo, palpitante, con venas marcadas.
    
    —Míralo —rió Dwayne—. Le hemos reventado y sigue empalmado.
    
    Kofi le entregó una orden seca:
    
    —Tócate.
    
    —¡No… no puedo! —sollozó Javier, cubriéndose con las manos.
    
    Marcus le dio un azote brutal en el culo.
    
    —He dicho que te toques.
    
    Lentamente, entre lágrimas, Javier rodeó su polla con la mano. Empezó a masturbarse, jadeando, con los hombros hundidos de vergüenza. La cámara lo enfocaba desde todos los ángulos.
    
    —Eso es —susurró Dwayne—. Mastúrbate para nosotros, heterito.
    
    Los tres se colocaron frente a él, rodeándolo. Sus pollas, brillantes de saliva, lo golpeaban en la cara y en el pecho. Marcus lo agarró del pasamontañas y le abrió la boca.
    
    —Vas a correrte mientras tragas nuestras corridas.
    
    El ...
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