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Vendo a mí novia (Relato de temática cuckold)
Fecha: 26/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: nacho95mc, Fuente: TodoRelatos
... cámara, con una sonrisa segura. > “Si estás viendo esto, es porque estás aquí por algo. Tal vez eres la chica… o tal vez eres el novio que va a grabar. En cualquier caso… bienvenidos a mi mundo.” El vídeo cambió a un montaje rápido: mujeres distintas, todas hermosas, algunas rubias, otras morenas, siempre acompañadas por un hombre en segundo plano, con una cámara en las manos. En cada escena, Marcelo tomaba el control: besos apasionados, felaciones grabadas de cerca, posiciones cambiando con fluidez, dirty talk constante. Los rostros de las chicas aparecían parcialmente ocultos; el del novio, nunca se veía. Laura sintió un calor subirle por el cuello y se acomodó en el sofá, como si necesitara más espacio para respirar. —Es… muy explícito —murmuró. Daniel, sin apartar los ojos de la pantalla, asintió. —Mira… esa… —señaló una escena en la que una morena estaba tumbada boca arriba, las piernas alzadas sobre los hombros de Marcelo, mientras el novio filmaba a un metro—. Podrías ser tú ahí. Ella tragó saliva, y por un momento, en lugar de negar, imaginó la escena. Imaginó la sensación de ese cuerpo más grande, más fuerte, encima de ella, y a Daniel detrás de la cámara. El vídeo siguiente era aún más provocador: Marcelo sentado en el borde de la cama, recibiendo una felación mientras hablaba directamente a la lente que el novio sostenía. > “¿Ves esto? Esto es lo que nunca vas a sentir con tu polla. Pero puedes verlo… todo lo que quieras.” Daniel ...
... apartó la vista un segundo, como si necesitara romper el hechizo, pero Laura no se movió. Ella lo estaba viendo todo, grabando cada gesto, cada frase, en su mente. —Y así sería… —dijo él, casi como un suspiro. —Sí… —respondió ella, sin darse cuenta de que lo decía en voz alta. Cerraron la pestaña después de diez minutos, pero las imágenes ya habían hecho su trabajo. Los días siguientes fueron una mezcla de nervios y anticipación. Marcelo les enviaba mensajes cortos: recordatorios, bromas, provocaciones. Nunca insistente, siempre seguro. El sábado se acercaba, y con él, la certeza de que no estaban caminando hacia una simple aventura, sino hacia algo que, para bien o para mal, iba a cambiar su relación para siempre. El GPS marcó el final del camino privado con un pitido suave. La verja automática se abrió lentamente, dejando ver una entrada empedrada flanqueada por cipreses altos. El chalet estaba al fondo, blanco, de líneas modernas y grandes ventanales que dejaban entrever una luz cálida en el interior. La fachada, impecable, parecía sacada de una revista de arquitectura. Daniel aparcó despacio. Sus manos estaban sudorosas sobre el volante. Laura, en el asiento del copiloto, se miraba en el espejo retrovisor por tercera vez en menos de cinco minutos, repasándose el brillo de labios y acomodando el vestido negro ajustado que caía justo por encima de las rodillas. —¿Lista? —preguntó Daniel, con una voz más baja de lo habitual. —No sé si se está listo para ...