1. Promoción del 93. Capítulo 39


    Fecha: 30/04/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos

    Marisa llevaba tiempo soñando en silencio con algo así. No lo decía, claro, ni siquiera a sus amigas más cercanas. Pero en las noches en que el insomnio le vencía, fantaseaba con una escapada con Félix: una casa rural en otoño, un apartamento en la costa en verano… días sencillos, sin reloj ni obligaciones, en los que él dejara atrás su pasado como quien se sacude la arena del cuerpo. Ahora iba a suceder, y todavía le costaba creerlo. De modo que envió un whatsApp a Félix diciéndole que aceptaba la invitación.
    
    Salieron de Albacete al amanecer. Félix la sorprendió con un gesto divertido: le entregó el volante de su Volvo crossover. Marisa puso los ojos como platos.
    
    —¿Pero tú sabes el tamaño de esto? ¡Mi coche parece un carrito de golf al lado!
    
    —Con más razón. Te va a encantar la sensación de ir por la autovía como si mandaras sobre el mundo.
    
    Ella condujo durante la primera hora, tensa al principio, riendo después, mientras Félix le indicaba las salidas con exagerada solemnidad. Se detuvieron a desayunar en un área de servicio, donde un par de camioneros, café en mano, los observaron fugazmente. Félix creyó notar que se fijaban en ellos, y no tardó en dejarse invadir por esa sensación incómoda: “¿Nos verán como padre e hija?”, pensó, envenenado por un complejo que ni siquiera Marisa compartía.
    
    —¿Estás bien? —preguntó ella, mientras removía su café con leche.
    
    —Sí, claro. Cosas mías.
    
    Marisa sonrió sin presionar. Había aprendido a leer entre líneas, pero ...
    ... también a no invadir. Esa era una de sus cualidades más admirables: sabía estar sin imponerse.
    
    Llegaron a Torremolinos pasadas las dos de la tarde. El apartamento, pequeño y funcional, estaba en una urbanización tranquila a unos minutos caminando de la playa. Dejaron las maletas, salieron a comer algo ligero —ensalada, gazpacho, pescado a la plancha— y volvieron para echarse un rato.
    
    Solo había una cama. No lo habían hablado. Félix, siempre prudente, se recostó en el sofá sin hacer preguntas. Marisa, sin decir nada, entró en la habitación. Dormitaron apenas media hora. Cuando Félix la despertó suavemente, ella sonrió y murmuró:
    
    —¿Vamos a la playa?
    
    Caminaron con sus toallas al hombro. La brisa olía a salitre y loción solar. En la arena extendieron las toallas, clavaron la sombrilla, y entonces Marisa se desprendió del pareo. Llevaba un bikini color coral, sencillo pero que realzaba cada curva. Félix la miró en silencio unos segundos, y luego dijo, sin filtros:
    
    —Estás... espectacular.
    
    Ella se ruborizó, bajó la mirada, y le tendió un bote de bronceador.
    
    —Pues demuéstramelo. Pero sin pasarte.
    
    Félix se rió. Se arrodilló a su lado y comenzó a aplicarle la crema en los hombros y la espalda. Sus dedos eran cálidos, firmes, atentos. Ella cerró los ojos, se dejó hacer. El sol descendía lentamente, bañándolos con esa luz dorada que embellece cualquier escena.
    
    Regresaron al apartamento para ducharse. Lo hicieron por separado, entre bromas y miradas que empezaban a ...
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