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Culeandose a su recatada madre por desquite
Fecha: 04/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos
... veía masajeándose su conchita así de pie como estaba y rogándole. Por lo que determinó que ya era hora de que comenzara la acción. Se la iba a culear. ―Está bien, yo te la meteré, así como tú quieres, pero con tres condiciones. ―¡¡¡Solo dilas cariño!!! ¡¡¡Yo te cumpliré!!! ―le decía la hembra con cara de compungida calentura. ―La primera… ¡¡¡Tú ya no te casas con tu jefe ni con nadie!!! ―¡¡¡Lo juro…, no me casaré!!! ¡¡¡Solo acostémonos por Dios!!! ¡¡¡Que ya no me aguanto!!! ―Segundo… Ahora iré a buscar mi cámara para grabar mientras culeamos. No vaya a ser cosa que después que lo hagamos andes diciendo que yo te obligue. ―¡De acuerdo! ¡De acuerdo! ¡¡Graba todo lo que tú quieras!! ―Y por último… Quiero que en todo momento estés pidiendo que te meta la verga por cualquiera de tus hoyos. ―Ok, nene… pero apúrate en ir a buscar la cámara, creo que me muero de ganas. Necesito moverme con algo adentro mío. ¡¿Cómo no lo entiendes?! ―Jejejejjej… Sí, te entiendo. Solo espérame en la cama y mastúrbate para ver si así te calmas un poquito, jejejeje, voy y vuelvo. Mónica se lanzó como una poseída en la cama para comenzar a masturbarse como una verdadera endemoniada. Mientras, su aprovechador vástago iba por su cámara digital para grabar todo lo que iba a ocurrir en el dormitorio. Cuando el desnaturalizado hijo volvió con la cámara, su madre estaba montada sobre un cerro de almohadas que ella misma había hecho, en el que refregaba su sedienta fisura íntima ...
... con desesperación. Laureano la observaba de reojo mientras ubicaba los trípodes buscando el mejor ángulo, uno que abarcara toda la cama. Veía que ella no paraba de moverse como culebra sobre las almohadas. En otras palabras estaba culeándose ella sola, pero sin nada que meterse. El caliente muchacho aprovechó para grabar por unos buenos minutos a su madre, quien le estaba brindando una excelsa función masturbadora. Este se deleitaba cada vez más con aquel exquisito y curvilíneo cuerpo que estaba a punto de poseer. Laureano, sin quitar los ojos de los movimientos que hacía su madre ante la cámara, se sacó la ropa de la forma más natural posible, ya que Mónica no estaba para llamarle la atención en nada. Es más, iba a ser ella sola quien le iba a cumplir sus más bajos deseos. ―Bien, mamá… Deja de refregarte esas almohadas y date la vuelta que desde este momento vas a ser mi putita personal ―le dijo el muchacho a la vez que tragaba saliva. A este aún le costaba creer que todo eso estuviese sucediendo, y que tuviera la libertad para hablarle de esa forma a la mujer que le había dado el ser. Si solo unas horas antes habían estado bailando y bridando sanamente en el living de la casa con familiares y amigos. ―Lo que tú digas, mi amor… ¿Qué deseas hacerme? Mónica, aun sobre las almohadas, lo miraba con un rictus de excitación en su rostro. Su respiración estaba totalmente acelerada; así lo dejaban ver sus hermosas tetas que subían y bajaban deliciosamente. Incluso estas ...