1. Culeandose a su recatada madre por desquite


    Fecha: 04/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos

    ... de los labios de la atractiva Mónica, y que se entre mezclaban con resoplidos y jadeos que hacía su hijo, quien la clavaba pausadamente y bien fuerte, siempre montado sobre su cuerpo.
    
    A Laureano le faltaban manos para recorrerla. La manoseaba a su total antojo mientras la taladraba con fuerzas desmedidas. También se daba a sobajearle las tetas sin ningún cuidado.
    
    La madre, por cada estocada que el hijo le ponía, gemía más fuerte aún. Hasta que a los pocos minutos ya no eran gemidos, sino que eran gritos de éxtasis y calentura de la más carnal y mundana que se pueda imaginar, todo por sentirse tan sobada y manoseada por su propio retoño.
    
    ―¡¡¡Así, mi amorrrrrr!!! ¡¡¡Así, mi vidaaaaa!!! ¡¡¡Métemela más fuerteeeee!!! ¡¡¡Mas profundooo!!! ¡¡¡Ohhhhhh…!!! ¡¡¡Hijooooo!!! ¡¡¡Mas fuerteeeee!!! ¡¡¡Ayyyyyyy…!!! ¡¡¡Mmmmmm!!! ―le gritaba y gemía Mónica con sus hermosas piernas bien abiertas y recogidas, clavando sus cuidadas uñas en ambas nalgas de su hijo, empujándolo hacia ella con cada impulso que este mismo se daba con la única finalidad de ayudarlo a que se la metiera lo más profundo que pudiera.
    
    ―¡¿Te gusta mamá?! ―La cara de Laureano mientras le hacía esas infames preguntas era la de un pervertido. Desde su posición, al estar subido en ella, se daba a mirarla directamente a los ojos semi cerrados. Madre e hijo se miraban fijamente cuando ya se supieron bien trabados y meneándose al mismo ritmo. Mónica, de igual forma, se dio a contestar la pregunta que le hacían en ...
    ... aquel desnaturalizado momento.
    
    ―¡¡Sí, hijoooo!! ¡¡¡Soy tuyaaaa!!! ¡¡¡Soy toda tuyaaaaaa!!! ¡¡¡Ohhhh…!!! ¡¡¡Diosssssssss!!!
    
    Mónica estaba extrañamente consciente de que todo lo que decía era totalmente aberrante e inmoral, y ni siquiera le importaba estar siendo grabada por su hijo. Es más, el único efecto que le producían era el de elevarla a niveles de calentura hasta el momento desconocidos para ella. La fogosa hembra deseaba estar en esa posición por toda la noche, pero como los efectos de la pastilla eran más poderosos que su propia voluntad, fue ella quien comenzó a cambiar de pose, ya que las ganas de moverse coitalmente eran desesperantes.
    
    Una vez que Mónica ya estuvo ubicada a horcajadas sobre la cintura de Laureano, una verdadera erupción de lujuria estalló entre madre e hijo en el secreto de aquella morbosa habitación. Pues siendo ya de madrugada aún se mantenía con la luz encendida según se podía apreciar desde la calle. Claro que ningún automovilista o transeúnte que pasara por al frente de la casa a esas horas se imaginaría lo que ahí estaba ocurriendo.
    
    Mónica, quien se meneaba rítmicamente con sus ojos cerrados, se daba a sentir la verga de su hijo enterrada hasta su mismísima matriz. Sus jugos chorreaban por ambos bordes internos de sus muslos. Hasta que Laureano, a sabiendas que su madre en aquellos momentos no era nada más que una verdadera putita caliente, se dio a solicitarle:
    
    ―Mamá…, antes de que otra vez te corras como lo estas deseando, quiero ...
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