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Culeandose a su recatada madre por desquite
Fecha: 04/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos
... desde la cama como un hambriento a lamerle el coño, ya que este salpicaba jugos como si fuese un manantial. La hembra, mientras se estaba corriendo, con solo ver a Laureano de rodillas y comiéndole la concha en forma exquisita ―estando ella de pie y orgasmeándose como la más vil de las putas―, pasó sus dos poderosas piernas por delante de los hombros de su vástago, para luego agarrarlo desde la nuca con sus manos entrelazadas y empujarlo hacia su chorreante hendidura. Ahora era Mónica quien se la refregaba en la boca y en la cara. La resbalosa almeja de la atractiva mujer se paseaba por todo el rostro de su hijo, rociándolo eróticamente con los líquidos que ella dejaba salir por su derretida rendija en aquellos mágicos y ardientes momentos. Y cuando sentía la lengua del muchacho penetrarla otra vez con esta, ella le pegaba de tres a cuatro clavadas pélvicas, ondulando y refregándosela en la boca para ambos lados. Su hijo, por su parte, estaba encantado con todas las puterías que hacía su bella progenitora. Hasta que por fin la brutal corrida de la hembra menguó. Laureano, todavía insatisfecho, estuvo lamiéndole la concha por unos buenos minutos tal cual como lo hace un perro en aquellas asquerosas películas zoofilicas. Una vez que el vil muchacho se dio por complacido, se puso de pie para quedar al frente del desnudo y tembloroso cuerpo de su madre, para agarrarla desde sus nalgas y contraerla contra su cuerpo besándola con la misma pasión que lo hace un hombre ...
... enamorado. Y claro, ella aún estaba desesperada por seguir cogiendo, así que no le decía nada y solo se dejaba hacer, a la misma vez que correspondía el beso como una posesa, sintiendo en su vientre la dura estaca de carne de su hijo. El degenerado chico se la llevó caminando desnuda y siempre besándola hasta dejarla atracada contra uno de los muros de la habitación. Fue ahí cuando su boca se apoderó de una de sus tetas, para luego hacer lo mismo con la otra. Su madre solamente se daba a mirarlo con una sonrisa y una mirada en las cuales solo predominaban el vicio y la lujuria. Esa mujer nada tenía que ver con la cándida hembra que hace algunas horas había dado a conocer su noviazgo a familiares y amigos. Laureano le chupaba y mordía los melones en forma exquisita. La hembra, por su parte, lo agarraba de sus nalgas empujando su cintura hacia ella. Su hambre de verga aún no estaba saciada ni en la cuarta parte. En eso fue que sintió la mano de su hijo masturbarla deliciosamente. ―¡Mamá!, ¡Qué rica y qué mojada la tienes! ―Obviamente Laureano se refería a la vagina de su progenitora. ―¿T… te gusta, amor? ―le preguntó con sus bellos ojos cerrados dándose a sentir lo que Laureano le hacía allí abajo. ―Es riquísima, y la tienes toda encharcada. Creo que te cogeré así mismo como estamos… ¡Je! ―¡Sí, mi rey! ¡Hagámoslo de pie! ¡Hazme todo lo que tú quieras! ¡¡E… es… estoy tan excitada!! ¡¡Ooooooh!! ¡¡Ooooooh!! ―La hembra nuevamente comenzaba a perder los sentidos ante ...