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Me han hecho esclava sexual durante mis vacaciones
Fecha: 07/05/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... levantase de la cama y fuese a sentarme al sofá junto a él. Mientras Yoel se levantaba y se dirigía a abrir, yo me incorporé rápidamente y acudí presta a sentarme junto a Don Ernesto. Me gustó estar junto a él cuando entraran los desconocidos. Me sentía en cierto modo protegida con su figura de autoridad, como si fuera el proxeneta que me vendía, pero a la vez me protegía. En cuanto me senté, me pasó un brazo por los hombros y me acercó a él íntimamente. Y me cogió la mano más cercana por la muñeca y me la llevo hasta su polla. Le miré a los ojos sin comprender, buscando alguna explicación sobre lo que esperaba de mi. “Pónmela dura, guarra”, me ordenó e inmediatamente puso una sonrisa mirando hacia la puerta que Yoel acababa de abrir para recibir a los desconocidos. Tres desconocidos fueron entrando uno detrás de otro, andando con cierta prevención mientras se acostumbraban a la penumbra de la habitación. -¿Que hay, Don Ernesto?, ya estamos aquí. A dos de los tres hombres los reconocía. Eran camareros de los que nos atendieron durante la cena, el que se mostraba más osado y salido de todos mientras nos servía y el otro mulato. El camarero negro no estaba, aunque en el grupo había un hombre negro y bastante gordo, más mayor. -Hombre Cobra, tú por aquí, no te esperaba. ¿Qué vienes, a disfrutar de la gallega? Jajaja, cuanto te gustan las blanquitas, hermano. ¿Has pagado ya a Miguel?. Sin apartar los ojos de mi cuerpo el negrazo habló: “Si, Ernesto, me ha ...
... avisado mi primo de que había carnita blanca, jajaja. Y ya le he pagado a Miguel treinta rulas.”. No paraba de mirar mi monte de venus completamente depilado con una intensidad insidiosa. Mientras yo seguía manoseándole la polla y los huevos a Don Ernesto delante de los tres hombres que bufaban, sonreían, se daban codazos y se palpaban groseramente los paquetes en los que se adivinaban tremendas erecciones bajo los pantalones cortos que llevaban. Don Ernesto estaba disfrutando de la situación, viendo y sintiendo con qué envidia miraban sus paisanos a cómo aquella joven europea desnuda y con actitud sumisa y en silencio se afanaba por empalmar su polla delante de aquel público. Y a fé que lo estaba consiguiendo. No sé si por verdadero placer o por orgullo de macho, el nabo de aquel hombre volvía a estar enhiesto y duro como una piedra mientras mi mano lo acariciaba despreocupadamente. -¿Y qué, Cobra, nos vas a hacer otro show hoy?. Jajaja, enséñale a Isabelita porque te llaman Cobra! Todas las miradas, incluida la mía se dirigieron al negro. Este se sonrió complacido de la mención y dio los dos pasos al frente que le separaban del sofá. Se agachó y juntó mucho su cabeza a la mía, sonriendo, y preguntó: “¿Se puede tocar ya?”. “Adelante, asere, via libre”, contestó don Ernesto. Entonces Cobra mientras metía la manaza entre mis muslos y empezaba a frotar mi vulva, sacó una lengua indescriptible delante justo de mis ojos y empezó a agitarla en el aire como un animal. Era una ...