1. Toques calientes y mas en el tren - Parte 2


    Fecha: 14/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Nicole Hot, Fuente: TodoRelatos

    ... bebidas con movimientos rápidos, el hielo chocó contra los vasos, el líquido anaranjado brilló bajo la luz artificial, todo era normal, mundano, excepto por el hecho de que un extraño acababa de confirmar una mentira que la envolvía en una fantasía peligrosa.
    
    Cuando el mozo se alejó, Martín alzó su vaso en un brindis burlón — "A nosotros" — dijo, y bebió un trago largo, su garganta moviéndose con cada deglución, Helena lo miró fijamente, sus dedos temblorosos alrededor de su propio vaso, la condensación fría mojando su piel — "¿Qué demonios fue eso?" — susurró, su voz un hilito de sonido entre el ruido del tren.
    
    Martín solo sonrió, su mano abandonó el vaso para posarse en su muslo, justo donde la falda se abría, sus dedos dibujaron círculos lentos sobre su piel, cada vez más altos, cada vez más atrevidos — "Solo un juego, nena… a menos que quieras que sea real" — su tono era juguetón, pero sus ojos no dejaban lugar a dudas: esto era un territorio que él dominaba, y ella era solo una visitante perdida.
    
    Helena tragó saliva, su mente corría a mil por hora, pero su cuerpo… su cuerpo respondía a cada caricia como si tuviera memoria propia, sus piernas se separaron un poco, permitiéndole más acceso, su respiración se aceleró de nuevo, pero entonces, justo cuando el placer comenzaba a nublar su juicio otra vez, Martín soltó una carcajada — "Ah, por cierto… paga tú, cariño, me olvidé la billetera" — y le guiñó un ojo, como si acabara de contar el chiste más divertido del ...
    ... mundo.
    
    Helena lo miró, atónita, su boca se abrió para protestar, para decir algo, cualquier cosa, pero las palabras murieron en sus labios cuando el mozo regresó con la cuenta, su sonrisa profesional intacta — "Son cien pesos, señorita" — dijo, extendiendo la bandeja hacia ella.
    
    Martín apretó su pierna adelante del mozo, disfrutando de su incomodidad, de su confusión, de su sumisión silenciosa — "Vamos, mi amor, no los hagas esperar" — murmuró, y Helena, como en un sueño, sacó su billetera y pagó, sin entender cómo había llegado a ese punto, pero incapaz de negarse.
    
    El tren siguió su camino, pero algo había cambiado entre ellos, los límites se habían difuminado, las reglas reescritas, y Helena sabía, en algún lugar profundo de su ser, que esto era solo el principio.
    
    El refresco de naranja estaba frío en la garganta de Helena, su sabor dulce y ácido contrastando con el calor que Martin seguía despertando en su cuerpo, sus dedos jugueteaban con el borde del vaso, condensación mojando sus yemas mientras miraba por la ventanilla, el paisaje pasaba como un sueño borroso, árboles y edificios fundiéndose en manchas de color, pero su atención estaba en otra parte, en la mano de Martin que, como si le perteneciera, seguía acariciando su muslo, subiendo y bajando con lentitud deliberada, cada roce de sus dedos callosos encendía su piel, cada movimiento calculado la llevaba más cerca del borde que ya conocía demasiado bien.
    
    — "Relájate, nena… nadie nos está mirando" — ...
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