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La Iniciación
Fecha: 15/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Asharte, Fuente: TodoRelatos
... continuó su trabajo. Las cuerdas bajaron por su torso, ajustándose alrededor de su cintura, y luego descendieron por sus piernas, inmovilizando sus muslos y tobillos. Susana ahora estaba completamente inmovilizada, su cuerpo una escultura de deseo y sumisión. —La quinta regla es el respeto. Debes respetar las cuerdas, respetar el arte y, sobre todo, respetar mi autoridad. Susana asintió, su voz apenas un susurro. —Respeto tu autoridad, padrastro. El padrastro se alejó un paso, observándola con admiración. —Ahora, Susana, eres mía por completo. Cada movimiento, cada respiración, está bajo mi control. ¿Entiendes lo que eso significa? Ella cerró los ojos, sintiendo la realidad de sus palabras. —Sí, padrastro. Soy tuya. Él se acercó de nuevo, su mano rozando su mejilla con suavidad. —Y yo te prometo que te llevaré a lugares que nunca imaginaste. Pero primero, debes aprender a disfrutar de esta inmovilidad, de esta entrega total. Susana abrió los ojos, mirándolo con una mezcla de miedo y excitación. —¿Qué debo hacer, padrastro? Él sonrió, una sonrisa que prometía placer y dolor en igual medida. —Solo debes sentir, Susana. Deja que las cuerdas te guíen, deja que tu cuerpo se rinda a mí. Con esas palabras, el padrastro comenzó a explorar su cuerpo inmovilizado, sus manos rozando su piel con suavidad, sus labios susurrando palabras de dominación en su oído. Susana sintió cómo su excitación crecía, cómo su cuerpo respondía a cada toque, a cada ...
... palabra. Las cuerdas, que al principio la habían hecho sentir atrapada, ahora la liberaban, permitiéndole entregarse por completo a su padrastro. Él se arrodilló frente a ella, sus manos descendiendo por su torso hasta llegar a su sexo. Susana gimió suavemente al sentir sus dedos presionando contra su humedad, su boca acercándose a su oído para susurrar: —¿Eres mía, Susana? —Sí, padrastro —respondió ella, su voz llena de deseo y sumisión. Con un movimiento rápido, él introdujo dos dedos en su sexo, haciendo que Susana arqueara su cuerpo en un gemido de placer. Las cuerdas la mantuvieron firme, impidiéndole moverse, pero su cuerpo respondía con una intensidad que nunca antes había sentido. El padrastro comenzó a mover sus dedos con ritmo, sus labios ahora besando su cuello, su respiración caliente contra su piel. —¿Te gusta esto, Susana? ¿Te gusta ser mía? —Sí, padrastro —gimió ella, su voz quebrada por el placer. —Me encanta ser tuya. Él sonrió, aumentando la velocidad de sus movimientos, llevando a Susana al borde del orgasmo. Pero justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, se detuvo, sus dedos aún dentro de ella, su boca ahora susurrando en su oído: —¿Quién te pertenece, Susana? —Tú, padrastro —respondió ella, su voz llena de necesidad. —Te pertenezco a ti. Con esas palabras, el padrastro la liberó, permitiendo que su cuerpo se sacudiera en un orgasmo intenso y liberador. Susana gritó de placer, su cuerpo temblando contra las cuerdas, su mente ...