1. La fuerza de su experiencia – Parte 9


    Fecha: 23/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carles, Fuente: TodoRelatos

    "La fuerza de su experiencia – Parte 9"
    
    Vera y yo llevábamos un mes juntos. Un mes intenso, lejos del gimnasio, de los rituales, de las noches con velas y reglas. Había sido real… pero nunca tranquilo. Su deseo era tan voraz como su carácter, y aunque no lo decía en voz alta, sabía que había algo que no había cerrado con Marina y Lucía.
    
    Hasta que llegó esa noche.
    
    Era viernes. Vera estaba en mi casa, descalza, bebiendo vino en mi camisa favorita y sin nada debajo. Cuando sonó el timbre, pensé que sería el repartidor. Abrí… y ahí estaban.
    
    Marina y Lucía.
    
    Vestidas de negro, como la primera vez que las vi juntas. Sin una sonrisa, pero con una mirada que quemaba.
    
    —Tenemos un problema —dijo Marina, directa. —Y no puedes resolverlo sin nosotras —añadió Lucía.
    
    Vera se cruzó de brazos, apoyada en el marco de la puerta.
    
    —No vine aquí para seguir jugando. —Esto no es un juego —respondió Marina, clavándole la mirada—. Esto es más grande de lo que crees.
    
    Lucía entró sin pedir permiso. Sacó de su bolso una carpeta gruesa y la arrojó sobre la mesa. Fotos. Decenas. De nosotras. Del hotel. Del loft. Imágenes que nadie debería tener.
    
    —Alguien nos está siguiendo —dijo—. Y lo quiere usar.
    
    Me quedé helado. Vera frunció el ceño.
    
    —¿Quién? —No lo sabemos —contestó Marina—. Pero alguien que estuvo cerca… demasiado cerca.
    
    Entre las fotos, había una que me hizo sentir el estómago caer: nosotros tres, desnudos, en la habitación del hotel, desde un ángulo alto… ...
    ... como si hubiera sido tomada desde el techo.
    
    —Esto es imposible… —murmuré.
    
    Lucía me miró fijo. —No, no lo es. Alguien quería ver hasta dónde podíamos llegar. Y ahora quiere algo a cambio para no destruirlo todo.
    
    Vera se giró hacia mí. —¿Estás diciendo que hay que volver? ¿Que hay que…? —Sí —interrumpió Marina—. La única forma de cerrar esto es hacer justo lo que quieren. Pero a nuestra manera.
    
    Lucía sonrió, esa sonrisa peligrosa que siempre precedía a algo memorable. —Un último encuentro. Más grande. Más arriesgado. Y con una condición: no sabremos quién nos observa… pero nos observará.
    
    Vera se levantó despacio. —Esto es una locura.
    
    —Sí —dijo Marina, acercándose—. Una locura que, si sale bien, nos salva a todos. Y si sale mal… será lo último que hagamos juntos.
    
    Yo las miré a las tres. El fuego estaba ahí, mezclado con miedo, deseo y adrenalina. Sentí que mi corazón se partía en dos: una parte quería huir, otra quería lanzarse de cabeza.
    
    Finalmente, dije: —Si vamos a hacerlo… lo hacemos sin límites. Ni físicos, ni mentales. No nos guardamos nada.
    
    Vera me miró largo rato, luego asintió. —Pero después de esto, se acabó.
    
    Marina sonrió, como si hubiera esperado esa respuesta toda la vida. —Nos vemos mañana a medianoche. Lugar y detalles… te llegarán en un sobre.
    
    Lucía me guiñó un ojo antes de salir. —Prepárate. Esta vez, no serás el que manda. Ni el que obedece. Serás el que sobrevive.
    
    Y en ese momento supe que lo que se venía no era sexo. Era un ...
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