1. La esposa del socio de mi padre


    Fecha: 24/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Kralik, Fuente: CuentoRelatos

    ... “sobrino”.
    
    “No, no. ¡Por favor no me pidas eso! Jamás le he sido infiel a Genaro. Esto lo mataría”.
    
    “Vamos perrita, ¿qué tan malo no ha de ser?: Te he deseado mucho tiempo y no voy a dejarte escapar ahora. Hazlo bien, y tal vez te dé unas pelas para que compres tus polvos. No lo hagas y Genaro sabrá de tus vicios”.
    
    “¡Eres un hijo de puta!”, me dijo y se dio vuelta escondiendo el rostro entre las manos.
    
    Yo me acerqué a ella por detrás y apoyé mi ya dura polla sobre su trasero.
    
    “Anda, mirá cómo me has empalmado. Te deseo desde hace años muñeca”
    
    Y al decir esto tomé sus senos, cuyos pezones respondieron irguiéndose instantáneamente. Ella emitió un débil jadeo. Y al hablar, su tono ya no era el mismo.
    
    “No me lo hagas Juan. Hace tiempo que no tengo sexo. No podré resistirlo.”
    
    “Si fueras mi hembra no pasarías hora sin sentir la polla dentro de tu cuerpo”.
    
    Levanté su falda, y para mi placer, pude ver la tanguita de hilo dental que durante tantas pajas había imaginado. Sin dudar metí mis dedos para tocar su rajita. Estaba muy húmeda y muy caliente.
    
    “Ah perra, así que esto te calienta, ¿eh?”.
    
    Comencé a besar su cuello suavemente y a pasar toda mi lengua lentamente desde su base hasta el lóbulo de su oreja. En la que me entretuve penetrándola y salivándola en su interior. Ella gemía cada vez más. Su cuerpo vibraba espasmódicamente. Metí mis manos en su vestido y con mis dedos apreté suavemente sus durísimos pezones. Eso fue el factor que quebró su ...
    ... resistencia.
    
    Giró hacia mí y sus labios se abrieron para que chocaran las lenguas.
    
    Sus manos abrieron mi pantalón y nerviosamente sacaron mi durísima polla.
    
    La sentía tocarla. Apretarla. Lo estaba gozando. Al fin, se dejó caer de rodillas y la introdujo en su boca. Mi placer era inmenso: tenía a la hembra mas hermosa del mundo hincada ante mí, comiendo mi polla como una hambrienta. Pero yo no quería acabar en su boca. Quería su coño. Y quería hacerla adicta a mis caricias.
    
    La levanté, nuevamente la besé, la acosté en la cama, y apartando el hilo dental que cubría la rajita, la penetré con fuerza descomunal. Ella gritó su placer en mi oído.
    
    “¡Házmelo, házmelo duro!”, me decía.
    
    Yo bombeaba con fuerza desde mis pelotas hasta la glande y ella parecía acabar sin parar. Sentía su leche inundar mi polla. Me la bebería luego.
    
    Con mis labios pegados en su oído le murmuraba:
    
    “Perrita, eso vas a ser: mi puta perrita. Te follaré hasta que ni tú puedas creer lo puta que eres. Y te llevaré conmigo donde me plazca. Serás mi mujer. Si no lo haces terminarás tus días como una prostituta adicta en algún burdel de mala muerte…”
    
    Ella contestaba entre gemidos de placer.
    
    “Ssí, sí… Haré lo que digas. Sólo no me quites esa polla… Rómpeme el culo. Quiero sentirla en mi culo”.
    
    Al oírla, tuve que hacer un esfuerzo descomunal por no llenarla de leche.
    
    Me controlé. La puse en cuatro patas y sin preparación previa, la penetré por el culo de un solo golpe. Tuve que taparle la ...