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La amante de Rex - Capítulo 1 - El Encuentro
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Perla Iglesias, Fuente: TodoRelatos
La MudanzaEl apartamento era diminuto, apenas un cuarto con un baño y una cocina que parecía de juguete. Las paredes estaban descarapeladas en las esquinas, y el piso crujía con cada paso que daba, pero para mí, era la libertad. A mis 21 años, después de meses de discusiones con mis padres por querer vivir mi propia vida, por fin había logrado salir de casa. —Es perfecto —dije, tratando de ocultar el temblor en mi voz mientras recorría el espacio con la mirada. El dueño, un hombre mayor de unos cincuenta años, canoso y con una sonrisa amable, se apoyó contra el marco de la puerta. —No es mucho, lo sé —admitió—. Pero si aceptas cuidar a Rex algunas noches, puedo bajarte la renta. —¿Rex? —Mi perro. Movió la cabeza hacia el patio trasero, donde un enorme pastor alemán levantó las orejas al escuchar su nombre. Sus ojos eran oscuros, inteligentes, y su pelaje dorado brillaba bajo el sol de la tarde. —Es tranquilo —aseguró el dueño—. Solo necesito que lo alimentes y lo dejes entrar si hace frío. Yo trabajo de velador en una bodega cerca, así que algunas noches no estaré. No lo pensé dos veces. Firmé el contrato esa misma tarde. La Primera Noche a Solas con RexEl dueño había salido temprano, dejándome instrucciones simples: "Dale de comer a las 8, agua fresca y déjalo en el patio si quiere dormir afuera." Rex me observó desde su rincón, inmóvil, como si estuviera evaluándome. Era más grande de lo que había imaginado, con un pecho ancho y patas ...
... musculosas. Su cola se movió ligeramente cuando me acerqué con el plato de comida, pero no hizo ningún intento por olfatearme o ladrar. —Aquí tienes —murmuré, dejando el plato en el suelo. Él se acercó con calma, empezó a comer, y yo me retiré, sintiendo sus ojos en mi espalda mientras me alejaba. La Fiesta y el RegresoTres días después, mis amigas me invitaron a una reunión en el departamento de una de ellas. Era viernes, y después de semanas de estrés por la mudanza y los exámenes, necesitaba relajarme. —¡Por fin sales de tu cueva! —bromeó Daniela, pasándome una copa rosada—. Pensamos que te habías vuelto ermitaña. El alcohol fluyó rápido. Entre risas y chismes, perdí la cuenta de cuántas copas había tomado. Pero lo que realmente me puso al límite fue lo que pasó cuando Mariana, mi amiga más atrevida, se ofreció a llevarme a casa. El viaje en su auto fue una tortura dulce. —Estás demasiado tensa —susurró en mi oído mientras conducía, su mano rozando mi muslo—. Deberías relajarte más. No supe cómo responder. Mariana siempre había sido coqueta, pero nunca había cruzado esa línea conmigo. Hasta esa noche. En un semáforo en rojo, su mano se deslizó bajo mi falda, sus dedos encontrando mi ropa interior. —Mariana… —protesté débilmente, pero el trago y el calor de su tacto nublaron mi juicio. —Shh… —su sonrisa era traviesa—. Solo estoy ayudándote a relajarte. Sus dedos hicieron su trabajo con precisión. Para cuando llegamos a mi casa, estaba ...