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Unos vecinos influencers 4. Notas de una afonía
Fecha: 28/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
CAPÍTULO 4 NOTAS DE UNA AFONÍA "Las cerraduras se corrompen... igual que las mujeres." La puerta acababa de cerrarse tras la salida de Teddy y Lucy. Clara seguía apoyada contra el marco de la ventana, su silueta recortada por la tenue luz de la lámpara de salón. Sus uñas arañaban inconscientemente la madera, los hombros tensos, la respiración apenas más acelerada de lo normal. Yo la observé, sintiendo cómo el fuego que llevaba horas ardiendo en mis venas se avivaba aún más. ¿Por qué estoy tan cachondo? La pregunta resonó en mi cabeza mientras mis ojos recorrían el cuerpo de Clara: sus caderas estrechas, el escote que aún olía vagamente a la colonia barata de Teddy, ese labio inferior que se mordía sin darse cuenta. ¿Era por Lucy? ¿Por cómo se había reído de mí, por cómo sus dedos habían rozado mi brazo al despedirse, por ese tanga blanco que sabía que Teddy le estaría arrancado ahora mismo? ¿O era por Teddy? Por su descaro, por cómo se había corrido en nuestro baño, por ese cepillo de dientes que seguía ahí arriba, contaminado, esperando a que Clara lo usara sin saberlo... Clara se giró por fin. Sus ojos, cargados de una intensidad que no había visto en meses, me atravesaron. —"Parece que por fin nos han dejado solos" —murmuró, pero su voz no sonó aliviada. Sonó hambrienta. No hubo preludio. Ella cruzó la habitación en tres zancadas y sus manos se cerraron alrededor de mi camisa con una fuerza que me sorprendió. Los botones saltaron, ...
... algunos golpeando el suelo con pequeños clics. —"Hace demasiado tiempo que no me follas como me gusta" —susurró contra mis labios, su aliento caliente y dulce, a vino y a algo más picante. Sus uñas se clavaron en mi pecho, trazando líneas de fuego que me hicieron gemir. Yo la empujé contra la pared, mi boca encontrando su cuello, mis dientes mordiendo esa piel que Teddy había olido demasiado cerca hacía solo minutos. ¿Por qué está tan cachonda? La pregunta me atravesó de nuevo mientras mis manos recorrían su cuerpo con una urgencia olvidada. ¿Era por cómo Teddy la había mirado? ¿Por cómo la había levantado del suelo en ese abrazo que duró demasiado? Clara gimió cuando mis dedos encontraron el elástico de su bragas. No eran las que llevaba puestas antes. —"Te has cambiado" —acerté a decir, mis labios rozando su oreja. Ella sonrió, ese gesto de gata satisfecha que siempre me volvía loco. —"Las otras... estaban incómodas" —susurró, y su mirada fue toda la confirmación que necesité. Teddy las tenía. Esa revelación fue la mecha que faltaba. La levanté en brazos, sus piernas rodeando mi cintura, y ascendimos las escaleras hacia el dormitorio en un torbellino de ropa arrancada y besos que sabían a venganza y a deseo. La puerta del dormitorio se cerró de un golpe. Clara ya me arrancaba la camisa, los botones saltando y rodando por el suelo de madera. Sus uñas—esas uñas que horas antes habían servido el vino a Teddy—se clavaron en mi pecho, dejando margas ...