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USUARIO: Dominante
Fecha: 04/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Autor: daddybear, Fuente: SexoSinTabues30
... deseaba. Comencé a recorrer mi cuerpo con mis manos, dejando que mis dedos exploraran cada rincón de mi piel. Soy un hombre grande, mido 1.70 y peso 130 kilos, un oso con una presencia que a algunos les encanta y a otros no tanto. Pero a mí me encanta sentir mi cuerpo bajo mis propios dedos, cada curva y cada detalle que me hace quien soy. Mis pezones, que son la parte más sensible de mi cuerpo, ya estaban erectos, esperando alguna caricia que me enviara oleadas eléctricas de placer por todo mi ser. Los rocé suavemente con las yemas de mis dedos, sintiendo cómo se endurecían aún más bajo mi toque, y luego llevé un poco de saliva a mis dedos para incrementar las sensaciones. El contacto húmedo me hizo gemir bajito, un escalofrío recorriendo mi columna mientras jugaba con ellos, pellizcándolos ligeramente, dejando que esas oleadas de placer se extendieran desde mi pecho hasta mi entrepierna, donde mi pene seguía palpitando de deseo. Poco a poco, mis manos fueron bajando, recorriendo mi abultado estómago, esa parte de mí que a muchos les encanta y a otros no tanto. A mí me fascina sentirlo, la suavidad de mi piel contrastando con la firmeza de mi carne, mis dedos hundiéndose ligeramente mientras acariciaba cada rincón con devoción. Cada caricia me hacía suspirar, mi respiración volviéndose más pesada mientras me entregaba por completo a las sensaciones que mi propio cuerpo me regalaba, el calor dentro de mí creciendo con cada segundo que pasaba. De pronto, mi celular ...
... vibró sobre la cama, sacándome por un momento de mi trance. Era un mensaje en Grindr. Lo tomé con una mano, todavía con la otra acariciando mi estómago, y vi que era un perfil sin foto, con el nombre “Dominante”. “Hey”, escribió, un mensaje simple pero directo que hizo que mi corazón latiera más rápido. “¿Cómo andas?” respondí, tratando de sonar casual aunque el deseo ya me tenía al borde. Su respuesta llegó como un golpe de calor: “Caliente”, contestó, acompañando el mensaje con una foto sin cabeza que me dejó con la boca abierta. Era un hombre maduro, quizá de mi edad o un poco mayor, sentado en una banca de un parque con la verga fuera del pantalón, presumiendo una erección inmensa que me hizo tragar saliva. Su miembro se veía riquísimo en la foto: no era tan largo, pero sí muy grueso, con una forma que me hipnotizó al instante. El glande era pequeño, pero el tronco se engrosaba enormemente hacia la base, como una flecha perfecta que imaginé entrando en mi cuerpo, abriéndome poco a poco con esa curva que prometía un placer intenso. Revisé su perfil y vi que estábamos muy cerca, a solo 300 metros de distancia. La idea de que estuviera tan cerca me puso aún más caliente, mi mente imaginando un encuentro rápido y ardiente. Le pregunté directo: “¿Te gustan los osos de cuerpo grande como yo?” y le mandé una foto de mis nalgas, sabiendo que eso suele enganchar a los que saben apreciar un cuerpo como el mío. Su respuesta no tardó en llegar: otra foto, esta vez más cercana de su ...